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Viernes , 22.06.2018 / 02:50 Hoy

Para Reflexionar

Sentir al otro

Luis Rey Delgado García

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La culpa, la compasión, la empatía, el orgullo, la vergüenza, el desprecio y la envidia entran en la categoría de “emociones morales”. A diferencia de las llamadas “emociones básicas” (tristeza, alegría, enojo, miedo, sorpresa), que provienen de ideas, imaginación o percepción.

Las emociones morales surgen de la interacción entre personas, en el instante en que uno aprecia o evalúa las acciones de otro.

Nuestra sensibilidad a la felicidad o a la desgracia ajena suele ser un proceso complejo, rápido, espontáneo e inconsciente y es el entorno y la cercanía con alguien, el detonante. El bebé responde a la sonrisa de la madre: como si dijera “yo siento lo mismo que tú, sonrío también”. Es la empatía, manifestándose desde las primeras semanas de vida.

Las emociones morales promueven la unión entre los seres humanos y los grupos: si soy empático puedo comprender mejor al otro; si me siento culpable por una acción intentaré corregirla; si siento compasión por alguien trataré de ayudarlo. Por otro lado, hay emociones que nos alejan de los demás, como la envidia y el desprecio.

Desde pequeños aprendemos a diferenciar lo que está bien de lo que está mal según las normas de nuestra sociedad, asociando esta diferencia a las emociones morales. De ahí que, es probable sentir empatía o compasión ante el sufrimiento de alguien. Pero también hay algunas personas que no reaccionan. Pareciera que su cuerpo estuviera desconectado del pensamiento y no fueran capaces de experimentar emociones. Esta indiferencia se ha observado en individuos con lesiones en las áreas del lóbulo frontal del cerebro, responsables de la respuesta moral.

La complejidad de la conducta moral, implica emociones, respuestas que tienen que ver con la planeación, la organización, la anticipación y el control de impulsos emocionales y especialmente de las emociones que nos ponen en contacto los unos con los otros. Hasta ahora sólo sabemos un poco de lo que hay detrás del momento en que cometemos un error y queremos repararlo; del instante en que nos damos cuenta de que estamos siendo demasiado impulsivos y tratamos de mantenernos bajo control; del deseo de acercarnos al otro en cuanto percibimos su lejanía. Pero a esta capacidad la llamamos conciencia moral, ligada a las emociones morales y al pensamiento ético.

Sentir al otro es un gran adelanto en nuestro desarrollo humano y para la convivencia constructiva.


luisrey.delgado@grupolala.com

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