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Viernes , 22.06.2018 / 10:32 Hoy

Para Reflexionar

La conversación

Luis Rey Delgado García

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Desde la irrupción de las redes sociales y la mensajería móvil, es difícil mantener una conversación.

Estamos en contacto de forma abreviada y superficial con muchas personas, pero cada vez más solos, estamos perdiendo las conversaciones cara a cara.

Mejorar nuestras relaciones con los demás, comprender y ser comprendidos, es lo que aporta una buena conversación, es el buen hábito de hablar con tiempo y con verdadera atención. La comunicación, directa e interactiva, con otras personas que puedan dar su opinión y relativizar los acontecimientos facilita el desarrollo humano.

Cuando una experiencia se estanca en el circuito cerrado de un solo individuo, las emociones se amplifican y los mismos hechos se acaban distorsionando, algo que podría haberse evitado con una charla en buena compañía. Una conversación bien llevada es una visión de cordura, una ratificación de nuestro modo de ser humano y de nuestro lugar en el mundo. Sin embargo, esta actividad tan humana se puede volver en nuestra contra cuando no la realizamos de forma saludable o con las personas adecuadas. Es inquietante una conversación que fracasa… Si sucede con frecuencia, también eso puede hacer tambalear nuestra sensación de bienestar psicológico.

Muchas de las disputas que se producen en las parejas tienen su origen en nuestra formación social, durante la infancia y adolescencia, con amigos. Esto provoca que, en muchos casos, se creen estilos conversacionales separados por falta de interacción. El mayor obstáculo para una buena conversación es la incapacidad para escuchar al otro con inteligencia, habilidad, comprensión y especialmente con apertura.

Se han generado mitos como que “los hombres no saben escuchar” o que “las mujeres hablan sin cesar”, lo cual son prejuicios. Las conversaciones cumplen una función extremadamente importante. Sin ellas es muy difícil entablar un verdadero intercambio. Conversar facilita que los demás se sientan involucrados, valorados y cómodos y ayuda a reforzar una relación, cerrar un trato o entablar una amistad.

Al conversar no pretendamos que los demás estén siempre de acuerdo con nosotros y nunca hay que interrumpir ni anticiparnos a la historia que nos platica alguien.

Saber escuchar es la regla dorada del buen conversador, además de evitar poner cara de fatiga durante el discurso de otra persona, así como distraernos con otra cosa o la irritante costumbre de mirar el celular mientras está hablando. Además no hay que ofrecer asesoramiento si no nos lo piden expresamente.

La esencia de una buena conversación es nuestra capacidad de entregarnos al intercambio, de esa manera se amplía el horizonte de opiniones y se descubren nuevos significados.


luisrey1@prodigy.net.mx

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