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Miércoles , 17.10.2018 / 20:10 Hoy

Para Reflexionar

Frustración

Luis Rey Delgado García

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Experimentamos frustración cuando no conseguimos lo que queremos o deseamos, (reacción de molestia, ansiedad, depresión, angustia, enfado…) La experimentamos como algo destructivo, como dolor que acabará con nosotros rápidamente si no lo mitigamos, no es algo soportable. No consentimos que exista dolor en nuestras vidas, creemos que es horrible e injusto sufrir.

Además hacemos que deseos se conviertan en necesidades apremiantes.

La frustración es parte de la vida, no podemos evitarla, ni huir de ella, pero sí podemos aprender a manejarla. De pequeños, cada vez que pedimos algo, los adultos a nuestro alrededor se esfuerzan por darnos aquello que pedimos, las demandas suelen corresponder a necesidades primarias como comer o dormir, afecto y “apapacho”. Conforme crecemos, tenemos experiencias que generan frustración, ya que dejamos de desear cosas básicas, para pasar a desear cosas que no son totalmente necesarias.

Para los padres es difícil demorar gratificaciones, pero importante a la hora de desarrollar tolerancia a la frustración. Desde pequeños podemos aprender a no tener inmediatamente lo que queremos, a saber esperar, a no desquiciarnos cuando nos solicitan algo a cambio o un tiempo para conseguirlo. Si al niño en crecimiento le continúan dando todo cuanto pide, lo que desea más que lo que necesita, cuando adulto, no habrá desarrollado capacidad para controlar su malestar. De adulto experimentará malestar cuando le pongan límites, cuando no pueda satisfacer sus deseos de forma inmediata y reventará para poner fin a esa desagradable sensación que no sabe manejar.

En consecuencia, la persona piensa en su bienestar inmediato, sin tomar en cuenta consecuencias a medio y largo plazo. Lógicamente ante cualquier obstáculo o adversidad una persona con falta de habilidad para manejar la frustración, se desmotiva y abandona la actividad o proyecto en el que había puesto su esfuerzo. También la falta de tolerancia se liga con la creencia de que todo en la vida debe ser fácil y nada debe generarle malestar, ya que el dolor es algo horrible e insoportable.

El mundo no gira entorno a lo que deseamos y no siempre vamos a conseguir todo lo que queremos. Las recompensas a largo plazo suelen ser mayores que a corto plazo, es decir, a veces nos conformamos con poco por tenerlo de forma inmediata. Ciertamente el malestar (y dolor) es desagradable, pero no insoportable, podemos aprender de él y fortalecernos.

Todo depende de la forma de pensar y de la actitud. Habrá que distinguir entre deseos y necesidades, focalizar la atención, no en el malestar sino en la solución del problema o la superación del obstáculo. Y estará muy bien dedicar tiempo y esfuerzo a la educación de los hijos acompañándolos en sus frustraciones cotidianas.


luisrey1@prodigy.net.mx

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