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Miércoles , 12.12.2018 / 20:37 Hoy

Para Reflexionar

Enojarse

Luis Rey Delgado García

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Las emociones, incluyendo el enojo o la ira constituyen una manera habitual y sana de reaccionar ante situaciones con las cuales las personas nos enfrentamos cotidianamente. Efectivamente, el enojo adecuado nos ayuda a resolver un desacuerdo, reclamar nuestros derechos o marcar límites. No obstante, el enojo o la ira pueden convertirse en un problema que deriva en serias consecuencias para la calidad de vida y la salud.

Si bien es difícil diferenciar el enojo saludable del que no lo es, si podemos percibir con claridad que el grado y las consecuencias de la ira son especialmente significativos. Será patológico cuando sea experimentado en montos elevados y/o cuando acarree consecuencias negativas importantes.

Es patológico o disfuncional cuando se presenta muchas veces en un período determinado (frecuencia), se experimenta con demasiada fuerza (intensidad) y se prolonga por largos períodos de tiempo (duración). El sentimiento de enojo poco frecuente, leve y de corta duración será probablemente más adaptativo y funcional.

Podemos distinguir al menos tres formas en que la ira se manifiesta, cada una de ellas con un impacto diferencial sobre la salud y bienestar de la persona.

Primero, el enojo puede ser suprimido, la persona puede “rumiar” sobre la provocación del enojo, proferir internamente insultos o maldiciones, mas no expresar abiertamente su malestar. Esto es, “explotar hacia adentro” y es una manera que afecta la salud, acarrea problemas cardiovasculares y gastrointestinales entre otros.

Segundo, el enojo puede expresarse explosivamente, con insultos, gritos e incluso, agresiones físicas. La manifestación explosiva se asocia con problemas de salud física. Sin embargo, sus consecuencias se traducen más visiblemente en problemas interpersonales que dificultan el desarrollo social de la persona. Muy típicamente, la persona con un estilo explosivo de enojo halla dificultades para relacionarse con otras personas a su alrededor y especialmente en las relaciones de pareja, donde el impacto alcanza escenarios como la separación.

Finalmente, el enojo puede expresarse de manera asertiva, funcional y saludable con verbalizaciones, gestos, tonos de voz y, en general, comportamientos que marquen claramente la molestia de la persona pero de manera socialmente aceptable. Vale pues enojarse, pero aprender a enojarse bien.


luisrey1@prodigy.net.mx

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