• Regístrate
Estás leyendo: El mensaje de las emociones
Comparte esta noticia

Para Reflexionar

El mensaje de las emociones

Luis Rey Delgado García

Publicidad
Publicidad

Las emociones llamadas de placer como la alegría, orgullo, agradecimiento, cariño implican estados de equilibrio para el cuerpo. Involucran una coordinación óptima del organismo y están alineadas no solo con la supervivencia sino también con el bienestar. 

Además, están relacionadas con una mayor facilidad de pensamiento y de acción, de actuar con una mayor libertad, con una mayor creatividad. Las emociones pueden ser tanto reales o presentarse como si ocurrieran de verdad. 


Las cuatro emociones principales, llamadas de dolor son: tristeza, miedo, enojo y culpa. No es opcional sentir estas emociones, pero entenderlas y atenderlas es algo que ayuda. 


Siento tristeza cuando “percibo que perdí algo valioso para mí”. La respuesta adecuada a esta emoción es la de recorrer un proceso de duelo que permita darme cuenta y valorar lo que tuve y también lo que tengo, para reconstruir la confianza en mí mismo y seguir adelante. Tal parece que se llega a la depresión como el estado de ánimo que se acumula al ignorar el mensaje que trae la tristeza y no se responde de manera adecuada a la misma. 


Siento miedo cuando “percibo que estoy en riesgo de perder algo valioso para mí”. El miedo es proyectivo y me permite pasar a la acción para protegerme y reducir el riesgo de sufrir daños. Comprendido así, el miedo se convierte en mi aliado. Si no respondo al miedo proactivamente quizá llegue a estar en un estado de paralización y angustia. 


Generalmente experimento enojo cuando “percibo que alguien no respetó algo valioso para mí”. La respuesta adecuada el enojo es reclamar la reparación del daño que percibo me han causado para así restablecer mi integridad personal y proteger mis valores. Cuando no atiendo el mensaje del enojo seguramente llegaré a instalarme en el resentimiento, el odio y el rencor, que son formas más extremas del enojo, que hacen durar más tiempo el malestar. 


Finalmente siento y experimento culpa cuando “percibo que me comporté sin respetar mis propios valores”. La respuesta adecuada que puedo dar de frente a la culpa es, obviamente el arrepentimiento, la reparación del daño y el propósito de enmienda, para restablecer mi integridad y reafirmar mis valores. Si no atiendo el mensaje de la culpa alcanzaré el remordimiento, el rencor o el desprecio hacia mí mismo. .

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.