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Martes , 23.10.2018 / 00:44 Hoy

El medio tiempo

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Cuando viajamos, solemos hacer un “alto” a mitad de camino para ver cómo vamos, en qué condiciones está nuestro vehículo y el camino, cuál es el mejor trayecto para seguir, etc... En una competencia deportiva, los jugadores y el entrenador utilizan el “medio tiempo” para analizar lo sucedido hasta el momento y definir una estrategia para la segunda mitad del partido. Los “puntos medios” se utilizan como momentos de balance, reflexión, replanteo y planeación.

En nuestra vida, también tenemos un punto medio, que se encuentra entre los cuarenta y los cincuenta años, dada la expectativa de vida actual. Cuando llegamos a esta edad, normalmente hacemos un “alto”. Lamentablemente, este punto medio de la vida suele experimentarse negativamente. Así como en otra época los cincuenta se denominaban la “edad de oro” (por el prestigio, la seguridad y la experiencia obtenidos) hoy se habla de una “crisis de la mediana edad”.

Algunos no ven nada “dorado” en el hecho de madurar, sino que viven esta etapa con angustia, ansiedad, temor e insatisfacción.

Descubrir más canas en la cabeza, nuevas arrugas en el rostro y algunos kilos de más, no es precisamente motivo de alegría. Pero no son sólo estos cambios físicos los que angustian y generan miedo, sino también los cambios emocionales. Muchas personas se muestran insatisfechas con su trabajo o su matrimonio, cuestionan la validez de las decisiones tomadas y se sienten confundidas acerca de quiénes son y hacia dónde se dirigen. Ven una brecha entre aquello que querían ser, hacer y obtener cuando tenían veinte y aquello que son, hacen y tienen hoy. A estas sensaciones, se suma una “coyuntura” difícil: sus padres envejecen o mueren y sus hijos crecen y se independizan, con lo cual se sienten más solos.

Sin duda, la mediana edad impone muchos retos a una persona. Estos pueden enfrentarse de dos maneras: como una crisis, o como una oportunidad. Quienes ven la mediana edad como una crisis, generalmente perciben su situación en términos de limitaciones, mientras que quienes la viven como una oportunidad, se enfocan en el potencial que encierra el futuro. Las primeras piensan que no son lo suficientemente jóvenes para hacer algunas cosas, que ya “no tienen tiempo”. Las segundas −en cambio− ven que ahora cuentan con recursos personales para hacer cosas que de jóvenes no pudieron hacer y que la experiencia obtenida con los años les asegura cierto éxito. Estas dos posturas reflejan las opciones que genera todo “punto de inflexión”: declinar, o crecer.


luisrey1@prodigy.net.mx

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