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Sábado , 18.08.2018 / 18:57 Hoy

Para Reflexionar

Decir es hacer

Luis Rey Delgado García

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Nuestros actos y palabras tienen consecuencias aunque no seamos conscientes de ello. Un gesto, una mala palabra, un burla, una ironía tienen un efecto en el otro y no nos responsabilizamos del daño que podemos hacer al provocar que el otro se sienta incómodo, molesto o enojado. El hablar no es inocente, al hacerlo nos comprometemos con la persona o grupo al cual hablamos y toda palabra tiene una eficacia práctica en la medida que puede modificar e influir en quien nos escucha. También, una buena palabra enriquece y fortalece la autoestima del otro. Los hechos más sencillos y las palabras más simples en que parece que estamos jugando, pueden lastimar a otras personas o también provocar impulsos creativos y “buenas vibras”

Hay que aprender a cuidar lo que se dice y no todo lo que sentimos o pensamos hay que expresarlo. Una palabra produce tanto dolor como un golpe, quizá como una manera de sacar la agresión. La línea entre lo que hacemos y lo que queremos hacer y entre lo que decimos y queremos decir es muy tenue y muchas veces ni siquiera nos percatamos de ello. Por eso es importante como regla de una comunicación adecuada preguntar que entendió el otro de lo que dijimos y saber que la responsabilidad por las palabras que expresamos es una actitud sabia. No tenemos que decir todo lo que pensamos ya que nadie nos lo pregunta. Todos tenemos la experiencia de personas o familiares que expresan el apoyo que recibieron en un momento determinado con una palabra o una actitud de la cual no fuimos conscientes.

No todo lo que decimos tiene efectos negativos también hay que tener claro que una palabra afectuosa e inteligente expresada en el momento preciso tiene una resonancia positiva y estimulante.

Todos hemos recibido una agresión que duele y un consuelo que llena nuestro corazón a través del lenguaje verbal y no verbal. Y ya sabemos bien que los actos muestran que la palabra es falsa o genuina. Incluso la ausencia de palabras puede ocasionar algún tipo de problema. En las relaciones significativas de pareja, padre, madre, hijo, colegas, amigos… la comunicación es sumamente importante. Cuando hay algún secreto o algo que no se le cuenta al otro “por su bien” puede derivar en una serie de conflictos difíciles de abordar y superar. También el poder de nuestras palabras tiene capacidad de crear y de destruir algo en nosotros mismos. No escucharnos, dedicarnos afirmaciones negativas y reprimir lo que deseamos decir son algunas de las múltiples maneras en las que nos hacemos daño. Habrá que ser pues, cuidadosos de lo que decimos y de lo nos decimos a nosotros mismos.


luisrey1@prodigy.net.mx

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