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Martes , 25.09.2018 / 20:35 Hoy

Para Reflexionar

Alimentar el espíritu

Luis Rey Delgado García

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Muchas personas se sienten cada vez más cansadas, saturadas y abrumadas. Pareciera que la vida que les ha “tocado” vivir es un castigo. Este enfoque derrotista a veces está asociado a un sentimiento de insatisfacción producto de un descuido: se nos olvida alimentar nuestro espíritu, tener vida interior. Pasamos el día corriendo de un lugar a otro, buscando oportunidades, nos desgatamos haciendo trabajos que consideramos más rentables, incluimos en nuestra lista de prioridades cosas que nada tienen que ver con nosotros, pero que socialmente son las aceptables y que deberíamos hacer. Una persona que vive respondiendo a los estímulos y demandas externas, sin detenerse, al menos un instante cada día para alimentar su espíritu, se condena a cada día estar más agotada, más cansada y más abrumada.

Reconocer que además del cuerpo está nuestro espíritu y que sus necesidades son tan validas como las necesidades primarias de nuestro cuerpo, es vernos como seres completos. Nuestra sociedad nos ha envuelto en una carrera sin pausa en la que llegamos a pensar que cuando algo no nos produce dinero, admiración, poder, prestigio estamos perdiendo en tiempo. Nadie invierte mejor su tiempo, que aquel que dedica parte de su vida a alimentar su espíritu, a tener espacios de vida interna. Una persona con buena “nutrición espiritual”, llena de energía y de luz cualquier lugar.

La vida interior es una de las dimensiones de la vida de las personas que menos atendemos. Sin embargo, es en la vida interior de cada persona donde nos re-descubrimos, nos encontramos a nosotros mismos y recuperamos nuestra propia identidad, nuestro centro y el sentido de vida. Si nos atenemos a lo obvio, la vida humana posee una dimensión exterior, nuestro cuerpo. El cuerpo que la cultura moderna sobredimensiona, se gasta mucho en cirugías estéticas, gimnasios, cosméticos, dietas; incluso su exageración hasta la bulimia y anorexia.

Nos encontramos con la interioridad cuando “silenciamos” nuestro espacio, guardamos silencio y tomamos conciencia de lo que pasa “dentro de nosotros mismos” y al hacerlo surge el pensar seriamente en “sí mismo”, en el mundo y en la propia trascendencia.

La vida interior o cultivar la interioridad, nos coloca directamente en la búsqueda del sentido de la vida, de los afanes, de los afectos, de los encuentros, del pasado y del futuro… y puede que no sea cómodo, pero sí necesario y urgente.

Y como todo, esto también es un aprendizaje, es una “habilidad” que se desarrolla en las personas… Habrá que trabajarla con reflexión, meditación, calibrando la realidad, para no amplificarla ni reducirla, orar, hacer silencio, desierto, para alimentar el espíritu y la vida interior.


luisrey.delgado@grupolala.com

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