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Domingo , 22.07.2018 / 02:15 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

Pacto de Amor, Amistad y Ceniza

Luis Petersen Farah

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Curiosas mezclas. Del calendario electoral, ayer tuvimos la firma del Pacto de Civilidad entre los partidos políticos. Del calendario litúrgico, se celebró el Miércoles de Ceniza y el inicio de la Cuaresma. Del calendario comercial, se festejó el Día del Amor y la Amistad.

Si la coincidencia de las dos últimas celebraciones ya es extraña (no recuerdo haberla visto antes, dentro de mi distracción frente a ambos asuntos), revolverle además un ingrediente electoral resulta divertido. San Valentín y el Miércoles de Ceniza no apuntan precisamente al mismo puerto. Para empezar, el primero es de glotonería, y el segundo es de abstinencia. Además, el primero suele marcar el comienzo de relaciones amorosas y está salpicado de besos, caricias y chocolates, mientras que el segundo es una invitación a reconocer nuestra fundamental realidad finita y da inicio a una época de penitencia, austeridad, introspección, arrepentimiento y mortificación.

Asumiendo que un alto porcentaje de los habitantes de esta ciudad pertenecen tanto a la sociedad de consumo como a aquella tradición litúrgica, estaría de acuerdo en declarar este miércoles como el día de la bipolaridad. Si no fuera, claro, porque también resultó el día de la Enemistad Civilizada, en que los partidos se comprometieron ante el gobernador del Estado a contender sin pasarse de la raya.

Entonces ya la cosa se revuelve aún más. Se convierte en una especie de San Valentín político, en el que los protagonistas (por cierto, ni una sola mujer en la foto: un auténtico pacto de caballeros) declaran su intención de llevar una contienda amigable y amorosa.

Aprovechando el revoltijo, bien valdría añadir a este Pacto de Sanvalentinidad un acuerdo de humildad, un Pacto de Ceniza: polvo eres y en polvo te has de convertir.

Es que ya se les nota a los partidos ese polvito que sale de sus cuarteaduras internas. Además, la arrogancia ha llevado a los políticos a hablar tan mal de sus adversarios que hemos acabado por creerles a todos. Es decir, por no creer en ninguno.

luis.petersen@milenio.com

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