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Lunes , 18.06.2018 / 03:19 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

México-EU: la relación es imparable

Luis Petersen Farah

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Pase lo que pase hoy en las elecciones, el intercambio vigoroso entre Estados Unidos y México no tendrá marcha atrás. Basta echarse una vueltecita a la frontera para convencerse de esta imparable dependencia mutua: ahí aparece como con lente de aumento.

La semana pasada, a unos días de las elecciones en Estados Unidos y al final de las campañas más críticas de la relación de ese país con el nuestro, los representantes del comercio texano, de Laredo o de McAllen, seguían visitando Monterrey para anunciar sus grandes ofertas, sus días de Acción de Gracias y sus Viernes Negros.

Claro: la vida en las zonas fronterizas circula por el carril de alta velocidad. Nada parece detener sus virtudes y sus vicios. Claro que hay narcos, burreros, contrabandistas en las dos direcciones y conflictos complejos al norte y al sur del Bravo.

Pero hay mucho más que eso. En esta especie de tercer país, ni el mexicano es reducido a traficante o a trabajador ilegal usurpador del empleo, ni el estadunidense es simplonamente ese bobo al que se le puede ver la cara gringo a la primera oportunidad.

La franja fronteriza es el territorio del ir y venir. La gente cruza de un lado a otro con o sin papeles. En Matamoros hay mexicanos que nacieron en Texas y en Brownsville gringos nacidos en Tamaulipas.

A México vienen a ver al dentista, a buscar turismo sexual o a comprar despensa, desde aguacates hasta cervezas y detergentes. A Estados Unidos van a de compras, por trabajo, por vacaciones o en busca de refugio. O van a la escuela cada mañana, aunque tengan que cruzar el puente de lunes a viernes.

No se pueden concebir Brownsville sin Matamoros, Laredo sin Nuevo Laredo, McAllen sin Reynosa (y sin Monterrey, como la Isla del Padre).

El único muro fronterizo eficaz ha sido la inseguridad en las carreteras mexicanas. Nunca el endurecimiento de las políticas. Ni siquiera el tipo de cambio. Podrá haber paredes y podrá haber dictadores, la relación es imparable. Y no sólo en el río Bravo.

luis.petersen@milenio.com

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