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Jueves , 19.07.2018 / 16:38 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

La realidad de la deuda

Luis Petersen Farah

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Hace un par de meses comenté que al gobierno de Nuevo León se le facilitaba aquello del redondeo. Como en tienda de autoservicio, el gobernador, en su necesidad de expresar su enojo hacia la pasada administración (que tanto le redituó en campaña), llegó a redondear generosamente algunas cifras clave para el estado.

Sólo que no eran centavos. Su redondeo eran miles de millones de pesos. Y se trataba de las finanzas del estado. Al empezar su mandato, Jaime Rodríguez Calderón llegó a situar la deuda estatal, con la mano en la cintura, en cien mil millones de pesos.

Ayer, en la sección de Negocios de MILENIO, Jesús Rangel adelantó que en el informe financiero al cuarto trimestre de 2015 enviado por el gobierno de Nuevo León a la Bolsa Mexicana de Valores, la deuda total ascendía —"¡sorpresa!"— a "43 mil 670 millones de pesos, de los cuales 35 mil 350 millones son de largo plazo".

Claro que 43 mil millones es una deuda grande, cuyo servicio es pesado y obliga a recortar el gasto para tener finanzas sanas. También están las deudas de las empresas descentralizadas, que llevan su propio juego. Y sin duda hay otros compromisos heredados, por ejemplo frente a proveedores. Sí, pero cien mil millones rayan en el doble y plantea una situación totalmente distinta para el presente y el futuro de los habitantes del estado.

Claro, el ejercicio político del redondeo corría junto con otro discurso recurrente entre ellos colaboradores del gobernador, igualmente impreciso: el de la quiebra de Nuevo León.

Al escucharlos, a uno no le quedaba duda estar en una zona de desastre. Los municipios endeudados con el estado, el estado con los municipios, todos debiendo millones a acreedores diversos, en cantidades de muchos ceros y a plazos que se adentraban en la eternidad.

Se hablaba con demasiada facilidad de "quiebra del estado". Pero la frase sola carga su exageración. Cuando una empresa se halla en situación de quebranto, simplemente deja de operar, al menos de la manera que lo hacía. Decirlo así en referencia al estado es un cliché: una metáfora de segunda.

Supongo que después de tres meses y varias experiencias en el mundo real, habrá más seriedad en el gobierno.


luis.petersen@milenio.com

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