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Viernes , 25.05.2018 / 23:22 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

La lejanía de los políticos

Luis Petersen Farah

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Se dice con demasiada facilidad que el problema de los políticos actuales es que abandonaron a la gente. Sin oponerme completamente a eso pienso diferente: creo que sobre todo abandonaron la tarea, la tarea de gobernar.

Eso de abandonar a la gente está por verse. Si algo buscan cotidianamente los políticos es la simpatía del posible votante. En todo caso habría que preguntarse a quién abandonan, pues al lado de cada político suele rondar un grupo de personas que pretenden algo, desde una despensa hasta una política pública a su favor, pasando evidentemente por un permiso de construcción o hasta un contrato. Todo depende de qué gente se trate. Y de qué político.

Gran parte de la chamba de un político consiste en enamorar a simpatizantes y llevarlos a las urnas. A tal grado es así que hemos acabado por considerar normal la suspensión cada tres años de toda actividad gubernamental para que las autoridades se consagren en cuerpo y alma a la cosecha de simpatías, con todo lo que eso implica para el funcionamiento del país, de la economía y de las instituciones: se acaban los permisos, las inversiones, los proyectos. Incluso desaparece una parte de los servicios públicos...

La verdadera lejanía de los políticos es su distancia frente a las decisiones y sus consecuencias. Se han convertido en esclavos de su propia imagen: no es lejanía de la gente, sino miedo de perder una buena calificación. Toda decisión implica riesgos y no se la han querido jugar.

El resultado es que la clase política no ha sido capaz de producir actos de gobierno que beneficien a la sociedad. Producen, eso sí, su propio “capital político”. El enemigo es el desgaste, la baja en las encuestas o la crítica, pero nunca el mal resultado de gobierno, nunca el mal funcionamiento de las ciudades, nunca la mala planeación.

Sólo importa el talento para arrastrar, para atraer a la gente, aunque esté sobredimensionado. El talento para gobernar no parece necesario.

luis.petersen@milenio.com

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