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Domingo , 24.06.2018 / 06:33 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

Fuera fueros, pero...

Luis Petersen Farah

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Tener fuero es como ser el rey de la selva. Y ya estuvo bueno: la clase política se acabó defendiendo a sí misma.

¿Recuerda algún funcionario a quien le hayan aplicado un juicio de procedencia o de desafuero en Nuevo León? Tal vez no. El fuero se hizo cómplice de la corrupción y de otros ilícitos. Se ha abusado de él y es importante que se revise.

El pasado 14 de julio, el Congreso de Jalisco tomó la Bastilla y aprobó por unanimidad eliminar el fuero que, según el comunicado oficial, ha sido ejercido con exceso y abuso que los ciudadanos consideran un símbolo de corrupción, impunidad, prepotencia, privilegio.

Allá los convocantes proponían algo más: Les pedimos que eliminen el fuero PERO voten la creación de juicios políticos ciudadanos..., decían el independiente Pedro Kumamoto y su equipo.

En Nuevo León todavía son palabras, pero la abolición del fuero va tomando forma. Qué bueno.

Pero... Hay que tener a la mano otros recursos legales. El fuero fue instituido y ha sido defendido por una razón: que los funcionarios no sean víctimas de acusaciones infundadas por opositores poderosos o por intereses políticos.

Para Ignacio Burgoa, el sentido del fuero nunca estribó en proteger a la persona del funcionario sino en mantener el equilibrio entre los poderes del Estado para posibilitar el funcionamiento normal del gobierno dentro de un régimen democrático.

Felipe Tena Ramírez explicaba: Los antiguos fueros constituían por regla general verdaderos privilegios a favor de las clases beneficiarias. El fuero constitucional no tiene por objeto instituir un privilegio a favor del funcionario, lo que sería contrario a la igualdad del régimen democrático sino proteger a la función de los amagos del poder o de la fuerza.

No defiendo el fuero. Sí defiendo la llegada de otras formas de evitar el abuso político. Quitar el fuero, así nomás, puede ser una medida demagógica que ponga en riesgo la libre expresión de ideas, la pluralidad de pensamiento, la solidez institucional. Hay que tocarlo, pero con pinzas.

luis.petersen@milenio.com

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