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Columna de Pablo Ayala Enriquez

El PAN y sus esperanzas

Pablo Ayala Enríquez

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La única forma de sobrevivir para el PAN es aprovechar lo que muchos de sus militantes consideran inevitable: la decepción ciudadana ante el gobierno de López Obrador.

Los dos aspirantes a la presidencia nacional de su partido, Marko Cortés Mendoza y Manuel Gómez Morín, piensan que en adelante la tarea panista será ir recogiendo el tiradero que inevitablemente hará el nuevo presidente de la República: desde ya lo consideran “populista e irresponsable”.

“Debemos representar a los miles de mexicanos que estarán decepcionados de este nuevo gobierno”, ha dicho Cortés. El problema es que la desilusión ya pasó antes por encima del PAN.

Para algunos panistas (y optimistas) su partido, por más enfermo y débil que esté, es la única oposición posible en el sexenio que está por iniciarse. No solo porque representa la segunda fuerza política en el país, aunque muy distante de la primera, sino porque la construcción y la defensa de las instituciones ha permanecido como uno de los grandes motivos de su existencia. Y justo ahora encuentran una amenaza hacia ellas.

Es lo que ven ellos y lo que pregonan cada uno de los aspirantes a dirigirlos. Lo creen posible no porque el PAN se encuentre en buena salud, sino por lo mal que se hallan los otros partidos perdedores. Y puede ayudarles la vinculación con un número de empresarios que ya comienzan a tomar distancia ante López Obrador y Morena. No parece haber otro partido con el que puedan trabajar.

Pero el proceso de debilitamiento del PAN no ha terminado aún. Si mañana las encuestas no resultan mentirosas, a Cortés le tocará empezar su dirigencia administrando un cisma que agravará aún más la salud de su partido.

El ex presidente Felipe Calderón ha dicho que si no gana Manuel Gómez Morín, él se va y se lanza a la aventura de fundar otro partido, tal vez para impulsar a Margarita Zavala, su esposa.

A los ojos de Calderón, Marko Cortés representa, más allá de su discurso de la única oposición posible, el PAN de las negociaciones y el PAN de los moches. Y es el partido de Ricardo Anaya, que logró la candidatura presidencial saltándose la voluntad de los panistas y que finalmente quedó aislado y enfrentado con todos: con los panistas, con los otros partidos y con el mismo López Obrador.

Y todo indica que Calderón se irá: Marko Cortés no solo es puntero en las encuestas, sino que cuenta con las estructuras partidarias que dejó Anaya en casi todos los estados.

¿Y qué representa Gómez Morín en todo esto? Soy de los opinan que es solo una marca. Y, en todo caso, para muchos panistas un mero “no” a la otra opción.

Su eventual triunfo no le dará la experiencia para ser el contrapeso deseado. Pesa el nombre de su abuelo, es cierto, pero estamos hablando de una persona que no tiene trayectoria partidista. Quien podía ser líder del PAN sin experiencia en el partido era su abuelo, porque lo fundó.

La de mañana es una elección singular en este viejo partido. Según el discurso de los contendientes, tiene frente a sí la posibilidad de reconstruirse como oposición y de recuperar algunas de sus viejas relaciones, algunos de sus objetivos iniciales y sus simpatías de origen. Pero la realidad se lo ha comido y no tiene ya tanto peso.

lus.petersen@milenio.com


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