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Martes , 19.06.2018 / 00:45 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

El desánimo patrio

Luis Petersen Farah

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Por lo menos en las calles, el Mes de la Patria se ha borrado. No sólo es 2014 y sus lluvias torrenciales, es algo que se ha acentuado en años recientes.

Si sólo fuera que hay menos banderitas y rehiletes en las calles, o menos adornos tricolores, no pasaría nada. Vaya, no sería grave si sólo fuera que cambió nuestra manera de festejar, sea el Grito de Dolores o cualquier otra cosa.

Pero no. El desánimo para festejar la fundación de México como un país independiente se acompaña de un desánimo patrio mucho más hondo y extendido.

¿Qué ha pasado? Tal vez la decepción proviene de que nuestra economía no acaba de prender. Y que cuando parece que ahora sí, no arranca. Y si llega a arrancar, no llega a la anhelada mejor calidad de vida para muchos.

Tal vez proviene esta decepción del sentimiento de que las instituciones que imparten justicia han dado paso a una desgarradora impunidad en la que casi todos nos sentimos castigados de más por la ley y los únicos que se salvan son los verdaderos delincuentes.

O quizá proviene de una desconfianza crónica con respecto al trabajo de nuestros gobernantes.

Sin duda hay una parte de razón en todo eso. A nuestro país le hacen falta mejores gobernantes. Pero también se puede decir que le hacen falta buenos ciudadanos.

Creo que todos aceptaríamos esto: como ciudadanos hemos claudicado. Nos hemos dormido en la cómoda decepción patria.

Si fuera sólo cuestión de malos gobernantes, y nosotros conserváramos despierto el sentido de vivir en una comunidad que haga posible la mejoría de cada uno, ya lo hubiéramos resuelto.

Pero no. Nos hemos quedado con esa idea de que a la patria hay que exprimirla antes de que nos exprima a nosotros o les dé permiso a otros de exprimirnos.

No es cuestión de rehiletes. Si queremos que la patria sea un impulsor para cada uno de sus hijos, para su crecimiento y su realización, la patria necesita de ciudadanos que piensen en ella. Este ánimo no va a salir de los resultados económicos, educativos o urbanísticos, sino de la decisión de cada uno.

luis.petersen@milenio.com

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