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Lunes , 23.07.2018 / 03:54 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

¿Cómo llamar a esta historia de desdén?

Luis Petersen Farah

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No hubo terremoto, ni huracán, ni esas adversidades que suelen azotar a nuestro país. Ni lluvias copiosas, que aquí han causado tragedias. Ni siquiera lloviznas.

No. A menos que queramos echarle la culpa a la ley de la gravedad, la naturaleza no fue el adversario que causó la muerte de una persona, la desaparición entre los escombros de otra, las lesiones de una tercera y el colapso de una colonia entera cuyos habitantes han tenido que emprender un doloroso y complicado éxodo.

El tema, por supuesto, ya está en la Procuraduría. Los investigadores tendrán que empezar ya a responder una difícil serie de preguntas que surgen de una fácil constatación: si todo estuviera bien, no hubiera pasado nada.

¿Fue correcto el otorgamiento del permiso que los desarrolladores y constructores obtuvieron en 2015 en el municipio de Monterrey, días antes de que terminara la administración pasada?

¿Era el lugar adecuado para una construcción así? ¿Cumplía con los reglamentos? ¿Estaba claro un estudio de suelos y un proyecto de estructuras para edificio de gran altura que se pretende, o se pretendía construir? ¿Se aprobó una excavación como esa tan cerca de las casas vecinas? ¿Con qué elementos?

¿La obra fue debidamente supervisada durante su avance, tanto por los equipos de expertos y peritos privados como por el municipio? ¿La excavación y los muros de contención fueron llevados a cabo según el proyecto aprobado? ¿Por qué tuvieron que ser los vecinos, al ver sus casas agrietarse, quienes levantaran la voz?

¿Se encontraron "sorpresas" en el suelo durante las excavaciones? ¿Hubo peritajes? ¿Alertaron a los vecinos y a la autoridad? ¿Cuál fue la respuesta del municipio?

Después de ordenada la evacuación de las manzanas más cercanas al desfiladero artificial en que se había convertido la excavación, ¿por qué vivían aún vecinos en zonas de altísimo riesgo? ¿Qué se hizo para que, a pesar de su reticencia, dejaran su casa?

No se puede nombrar de otra manera a esta historia de desdén. Se llama corrupción.

luis.petersen@milenio.com

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