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Domingo , 23.09.2018 / 00:05 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

Ciudades privatizadas

Luis Petersen Farah

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Seguros. Todos los ciudadanos tenemos derecho a estar seguros y el Estado tiene la obligación de proporcionar esa seguridad.

Claro que, si el gobierno no da garantías, hay que buscar fórmulas alternativas. La gente pone rejas a la entrada y protecciones en las ventanas de su casa, perros en el patio, bardas altas y picos sobre las bardas. O contrata alarmas y guardias. En estos años de zozobra también ha habido quien salga ganando: toda una industria de la seguridad privada.

En medio de todo eso ha surgido también la moda de las colonias privatizadas. Los habitantes se organizan como pueden, cierran las calles de acceso, contratan un guardia e impiden el paso a quienes no tienen asunto claro en algún domicilio de más allá de las vallas.

El argumento es que entre menos gente pase por sus calles, menos atracos habrá. Y algunos se aventuran a decir que, si llegara a haber alguno, hay mayores posibilidades de que lo pesquen a la salida.

A partir de mañana el Congreso determinará cuáles son los requisitos y las condiciones para cerrar una colonia, con plumas, macetones, murallas o lo que sea.

Evidentemente, los diputados deberían estar concentrados en el cumplimiento de las garantías de seguridad por parte de los gobiernos. De tal manera que privatizar colonias sea en realidad cada vez menos necesario.

Porque fragmentar la ciudad es un recurso extremo. Los expertos en urbanismo piensan que entre más gente hay en las calles y banquetas, más segura es la ciudad. Que los robos y otros delitos se multiplican cuando no hay nadie. Que la calidad de vida es mayor cuando se puede pasar, descubrir, disfrutar la ciudad, pues en ella encontramos lo que no tenemos en nuestras casas.

Cerrar la ciudad supone que al que quiera pasar le pidan identificaciones y que veces se queden con ella hasta que haya demostrado que salió sin atracar a nadie. Manda un mensaje terrible: que todos somos sospechosos mientras no demostremos lo contrario.

Ojalá los diputados tengan un sentido urbano al discutir las reglas al respecto. Que no promuevan una ciudad de la que todos nos queremos apropiar porque tenemos miedo. Que promuevan, sí, una ciudad que todos conozcamos, queramos y cuidemos.

luis.petersen@milenio.com

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