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Catarata

Anulación al cuarto para las 12

Luis Petersen Farah

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Minutos antes de la toma de posesión, literalmente al cuarto para las 12, cuando ya todo estaba listo para la ceremonia, la Sala Superior del TEPJF anuló la elección de alcalde de Monterrey. Con esa decisión le quitaba por segunda vez la constancia de mayoría al candidato panista Felipe de Jesús Cantú.

También anulaba el fallo de la Sala Regional, la cual a su vez desechó el del Tribunal Estatal Electoral que había revertido el resultado original de la Comisión Municipal Electoral, dependiente del OPLE de Nuevo León. Si alguien sabe lo que es la justicia electoral, que avise.

El 1 de julio fue un desastre, es cierto... En Nuevo León hubo cinco elecciones concurrentes más una consulta. Los conteos tardaron mucho; los funcionarios de casilla, agotados en la madrugada del lunes, confundieron paquetes o pusieron todo en uno y entregaron en el lugar equivocado y con procedimientos descuidados. Y tal vez (sí, tal vez), hubo robo o desviación ilegal de material electoral.

Resultado: desaparecieron casi 100 paquetes. Luego unos fueron localizados. De los que no llegaron, umos fueron contabilizados a partir de las fotos de lonas puestas en casillas y con las actas de los mismos partidos. Y al final, casi 20 secciones quedaron fuera de todo cómputo. El problema es que esas casillas no contabilizables podían cambiar de resultados y de ganador. Así de pequeña era la diferencia de votos.

Fue un desastre, pero no parece haber culpables. Ninguna investigación al respecto se ha hecho pública en la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales del Estado de Nuevo León.

Fue un desastre y seguirá siéndolo. Por lo pronto el gobierno del estado ya declaró que no tiene dinero para financiar un nuevo proceso electoral. El Congreso local, por su parte, ni siquiera ha podido nombrar a las personas que formarán el próximo Concejo Municipal encargado, entres otras cosas, de organizar la nueva elección el próximo 16 de diciembre. Además, el PAN, ganador dos veces en este año de la alcaldía de Monterrey (y perdedor también dos veces, pues dos veces le han quitado la constancia de mayoría), ha tomado la sentencia de la Sala Superior como una verdadera afrenta a su partido y como un apoyo para el PRI.

Consideran los panistas que, aunque sea por poco, ganaron y que no había razón suficiente para anular el proceso, ni tampoco para darle al PRI el triunfo en el vecino municipio metropolitano de Guadalupe, donde había aún más ventajas en favor del candidato panista.

Anular la elección tras dejar pasar tanto tiempo para llegar a la decisión final generó incertidumbre entre los votantes y una transición mediocre e incompleta. Por lo pronto, la delicada seguridad de Monterrey ya está asumida por el gobierno estatal. A ver si la regresan, pues es algo que el estado siempre ha querido.

No hemos aprendido a lidiar con elecciones con resultados cerrados. Hay mucho qué trabajar, empezando por el diseño de los procesos concurrentes, que ha vuelto cada vez más complejo lo que era simple: difícil hacer correctamente y a tiempo las tareas electorales, difícil de garantizar una cadena de custodia segura.

lus.petersen@milenio.com





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