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Domingo , 23.09.2018 / 17:55 Hoy

Columna de Luis Petersen Farah

¿A quién le importa?

Luis Petersen Farah

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Julio, temporada de vacaciones, quedó muy lejos del saldo blanco en las carreteras de Nuevo León. Según el reportaje publicado por MILENIO el pasado fin de semana hubo un muerto por cada día del mes.

Salvo a sus cercanos, a nadie parece importarle demasiado. Como si se considerase “parte de la vida”: todos estamos expuestos. Y como si no pudiéramos hacer nada para reducir estas cifras.

Es curioso. Sí nos sentimos capaces (y exigimos apoyo) para luchar contra la diabetes y el cáncer, contra los accidentes laborales o contra el homicidio. Sin embargo, para reducir los accidentes automovilísticos, las muertes en carreteras, las lesiones de por vida, hemos acabado por tirar la toalla.

Paradójico, pues estamos hablando de lo que más se pudiera prevenir: el conocimiento para hacerlo existe y está disponible.

No lo hacemos, a pesar de todo. Las víctimas de julio eran niños, jóvenes, madres y padres de familia, personas de la tercera edad. Las causas, según el mismo reportaje, fueron el exceso de velocidad, la impericia, el alcohol, las fallas mecánicas, sobre todo las llantas, y los problemas de la carretera misma, como falta de señalamientos o cruceros y salidas peligrosas.

¿No se puede hacer nada para ponerle remedio? Sería mucho más fácil tener éxito en este caso que en las enfermedades. Pero en la medida en que uno de los factores de los que depende la solución somos nosotros mismos, las cosas se complican.

Nos hemos vuelto el mayor obstáculo. Creemos que, siendo el auto propiedad privada, privatiza todo lo que toca. Como el auto es mío puedo hacer lo que quiera con él. Versión moderna del Rey Midas, con terrible final.

Pero está tan arraigado el mito que la autoridad ha preferido no poner en riesgo su raquítica legitimidad y guardar sus canicas para otras jugadas. Las revisiones y las fotomultas acaban por parecer medidas de dictador y, ya entrados en gastos, hasta los retornos mortales y la falta de señales se han vuelto problemas intocables. ¿Para qué hacerlo? ¿A quién le importa?

luis.petersen@milenio.com

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