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Columna de Pablo Ayala Enriquez

19 de septiembre: como mala broma

Pablo Ayala Enríquez

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Apenas habían terminado los simulacros el día del aniversario del terremoto, y tembló. Como una mala broma.

Un miedo como hace mucho no se vivía allá. El número de muertos fue subiendo en la Ciudad de México y los estados cercanos. A las diez de la noche llegaba a 200. Había aún personas atrapadas bajo los escombros y una gran cantidad de lesionados.

La historia de los niños atrapados bajo el edificio de preescolar del colegio Enrique Rebsamen en Coapa era particularmente conmovedora. Y era igualmente conmovedora la solidaridad. Como en 1985. Ayer se solicitaba agua, cobertores, lámparas, jeringas y herramientas. Y llegaban, junto a enormes cadenas humanas de voluntarios que acercaban las cosas junto con tablas para improvisar camillas y sacaban piedra por piedra los escombros.

La tragedia de 1985 significó para el entonces Distrito Federal un verdadero cambio. En ese momento la parálisis gubernamental dejó el espacio a una participación ciudadana sin precedentes. Surgieron nuevos reglamentos de construcción, nuevas fuerzas de protección civil y una cultura de la prevención. Y para muchos fue el surgimiento de una sociedad civil mexicana. El terremoto del 19 de septiembre de 1985 cambió el rostro del país.

Treinta y dos años después se repite en muchos sentidos la historia. Y se pone a prueba todo: la alarma antisísmica, la protección civil, la resistencia de las estructuras, la capacidad de respuesta. Y aunque las cifras distan de las de entonces, ciertamente no hay mucho que celebrar: en México reviven la desesperación, la impotencia, el temor.

Y también revive la solidaridad, presente ayer hasta altas horas de la noche, con la oscuridad a cuestas y con cada vez menor probabilidad de rescatar con vida a los que quedaron atrapados. En medio del dolor y la frustración, la solidaridad podrá hacer de nuevo lo suyo. Que nos reconozcamos antes que otra cosa, como esa fila de cientos de personas con palas y picos que ayer esperaban su turno de actuar.

luis.petersen@milenio.com

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