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Catarata

¿Para cuándo la autopista al aeropuerto?

Luis Petersen Farah

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Si usted es de los que un día se dijo “qué bueno, le van a dar una arreglada a la autopista al aeropuerto”, con toda seguridad estará decepcionado ahora. O algo más.

Hace más de un año que la dichosa vía está en reparación. O mejor dicho, está obstaculizada por tramos en eterna excavación, porque no se ve que reparen gran cosa. Al ritmo en que van, cuando terminen van a tener que empezar de nuevo con los tramos iniciales: ya van a estar viejos.

Lo que nunca dejan de hacer es cobrar, eso sí. Incluso aprovecharon la remodelación del puente de peaje hacia Cadereyta para hacer el cobro más eficiente, mediante módico aumento a la tarifa, claro está.

Cuarenta y un pesos, señor. No cuarenta: cuarenta y uno. Es la primera muestra de que las prisas del usuario importan muy poco. ¿No tiene el pesito, señor? No, responde el que pagó con un billete de cincuenta, y entonces el cajero empieza su conteo de monedas pequeñas. Las entrega con su amabilidad a prueba de balas, pero ya para entonces los de atrás se desesperaron.

Se adentra uno en la así llamada autopista y mágicamente desaparece el carril izquierdo. Si usted se esperaba anuncios preventivos ni los busque, no hay. Lo que sí hay es alcances por los movimientos bruscos de los conductores no tan avispados que abundamos por aquí. Y peor si es de noche: ni siquiera hay una lámpara de petróleo que avise que se acabó el pavimento. ¿Y las luminarias? Si siempre han sido intermitentes, ahora con la reparación son constantes: siempre apagadas.

Si uno libra ese momento metafísico llamado “fin del camino”, hay que continuar al ritmo del más lento en fila india y entonces uno añora a Miguel Alemán. Vaya, la Carretera. Tanto, que olvida por qué también había jurado pagar cuota por el resto de sus viajes al aeropuerto: porque si algo peor puede pasar por sorpresa, pasará en la Miguel Alemán.

Mientras no haya drones que lo lleven, váyase al aeropuerto a bordo de su propia paciencia. Estos señores bursatilizados de la REA no llevan prisa.

luis.petersen@milenio.com





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