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Catarata

Falta gasolina, sobra polarización

Luis Petersen Farah

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Aunque el huachicol, ese saqueo mayúsculo y permitido, se reconoce como una de las mayores vergüenzas por las que ha pasado México, en las zonas críticas de desabasto como Jalisco, Guanajuato, Michoacán o Aguascalientes la decisión sorpresiva de transportar los combustibles por carretera ha afectado seriamente a la población. Y la ha dividido.

La gente se ha quedado sin gasolina incluso para llevar a los niños a la escuela. Los taxistas, sin trabajo. Las empresas, sin transporte. Y existe el riesgo, según organismos privados y autoridades locales, de desabasto de insumos industriales y de bienes de consumo básico.

Al borde de un ataque de nervios, se reconocen las estaciones que han recibido gasolina de cualquier color por las enormes filas que generan. Filas en sentido contrario, filas que entorpecen la circulación y enfurecen a los que no pueden pasar porque, entre otras cosas, se están gastando sin avanzar la gasolina que les queda.

Muchos esperan de noche a que llegue la pipa y los pesque en buen sitio. Unas mamás en el poniente de Guadalajara se pusieron de acuerdo para no asistir a la entrega de calificaciones de sus hijos: “O vamos hoy o llevamos a los hijos mañana”.

Lo más grave es el aumento de polarización en la sociedad. Las olas contrapuestas en redes sociales suben el volumen y el tono. Unos explotan diciendo que ése no es el remedio, que es una estrategia descuidada, improvisada y autoritaria, tal como ya se veía venir con el nuevo gobierno. Que después seguirá otra y otra.

Otros responden que quien no apoya esta lucha, en realidad está apoyando la corrupción, como siempre; que si quieren que les arreglen la luz en su casa, tienen que aceptar que corten el suministro por un rato. O que solo se oponen a la corrupción mientras no haya molestias.

Mucho peor resulta la polarización organizada. Y politizada profesionalmente. Con datos falsos o incompletos, acompañados, eso sí, de conclusiones completas y dichas con una certeza de seres infalibles, terminan con un: “¡Se los dije!”.

luis.petersen@milenio.com

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