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Martes , 14.08.2018 / 17:20 Hoy

Tribuna futbolera

Sienten pasos en el techo

Luis Miguel Rodríguez Cruz

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Casi siempre le sucede esto al Santos: sienten pasos en el techo en los partidos. Es clarísimo, notorio, irrefutable e innegable; permiten que el rival se le encime, lo dejan crecer, le dan libertades, se conforman cuando se ponen en ventaja y aflojan la marcha. Esos no son síntomas de equipo grande, es todo lo contrario. Querétaro es muy inferior al Santos en todo su contexto deportivo e institucional, pero en el campo, si no es por Quintero, no hubo una diferencia estrictamente marcada. Por momentos el Santos se pone a jugar como niño pequeño en la orilla de un precipicio: haciéndole al vivo, jugando con la muerte.
Lo he escrito muchas veces: hay una delgada línea roja entre el Santos maravilloso y el Santos espeluznante. Saben ser muy buen equipo y soltar unos latigazos incontestables para sus rivales, pero de la misma manera se saben desdibujar a lo grotesco. Puede verse también, o escucharse, como una bella orquesta donde sobresalen las melodías de los violines y de un momento a otro suenan como un rock pesado que incomoda al oído. Sí, este Santos es extremista. Los extremos, a veces, suelen ser malos. Santos abusa mucho de su buena fortuna, cuando la tiene. No sé en qué consista tal fenómeno, no encuentro el razonamiento lógico.
Tal vez los jugadores sienten que cuando ya van en ventaja hay que bajar la marcha de la maquinaria para darle poquita “chance” al rival, a ver qué les puede hacer, a ver de qué manera les contesta. Lo peligroso es que hay rivales muy respondones. Y que quede muy claro: No todos son Querétaro. En el partido de ida los locales terminaron jugando como tambores de guerra y metieron al Santos hasta su última línea dentro de la trinchera. Se supone que el Santos no está diseñado para jugar a eso. Caixinha podrá decir que así se dieron las circunstancias y que no hay partido fácil. Más acomodaticio no puede ser.
Quedan 90 minutos que deben ser los que dictaminen el acceso del Santos a la semifinal. De eso no tengo dudas (aunque todo puede suceder en una liguilla). Lo que me preocupa son esas erosiones que el equipo tiene. Esa forma tan grotesca de cambiar radicalmente de imagen y funcionamiento en los partidos. A veces juegan con fuego. Espero no se terminen quemando. La afición disfrutó pero también se puso nerviosa. A un Ferrari, en la competencia de arrancones, lo puso nervioso un taxi de la alianza.

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