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Tribuna futbolera

La responsabilidad de la prensa

Luis Miguel Rodríguez Cruz

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Fue muy “fácil” ser periodistas el pasado torneo en donde el Santos tuvo actuaciones que terminaron catapultándolo al título. Cuando todo sale bien y los contextos descansan sobre una cama de rosas es muy sencillo resaltar y alabar (merecida y justificadamente) lo bueno. El Santos dio para eso. La gente suele catalogar como “buenos” periodistas a aquellos que dicen lo que les gusta escuchar de su equipo. 


En el mismo contexto, consideran que quien critica y señala los aspectos negativos es un mal periodista con tendencias destructivas. Y en ambos casos la gente se equivoca. 


Hoy una cosa es clara: El Santos del presente no es el mismo que el del pasado torneo. 


Decir que “la delantera estuvo increíble, que Djaniny es un jugadorazo, que la defensa fue sólida y heroica, que Siboldi es un gran entrenador, que el TSM lució grandes ambientes y formidables entradas, que barrieron al América, que conquistaron el infierno en la final, que la pasamos muy padre en el estadio”, etc, etc… todo eso cualquier idiota lo puede decir. Para eso no se necesita estudiar ni ir a la universidad. El presente del Club Santos exige análisis a fondo, crítica (entiéndase como un juicio que pretende invitar a la mejora) y búsqueda de soluciones ante lo que sucede en el campo. 


Es ahora cuando el trabajo periodístico crítico y analítico debe hacer acto de presencia, cuando las cosas son complicadas y el equipo grita “auxilio”. Pero es aquí donde un sector de la prensa local agacha la cabeza (o la esconde en la tierra como avestruz). Cuando los días de gloria y alegría pasan ya no aplican las alabanzas. 


Lo vuelvo a mencionar: cuando el equipo anda bien y gana es muy fácil ser periodistas. El Santos ha emigrado a una nueva narrativa. 


Lo vimos en el primer partido ante Lobos: desorientados y sin ideas en el medio campo, amparados en el pelotazo como si aún estuviera Djaniny para recibir esos envíos y convertirlos en goles. Los jugadores deben entender que él ya no está. 


La central es volátil. No hay más Izquierdoz ni Araujo que apaguen el fuego. La nueva central debe empezar a segmentar responsabilidades porque poco les falta para chocar. Me puede Furch porque su desgaste se ha duplicado: debe hacer lo suyo y lo que hacía Djaniny. Estamos viendo a un Furch que terminará fundido. Sobre los hombros de la prensa local (me incluyo) descansa una enorme responsabilidad: ayudar al Santos en momentos difíciles, pero no con alabanzas ni compadeciéndolos.

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