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Martes , 19.06.2018 / 23:24 Hoy

La obligación social del Santos

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Tras la hecatombe deportiva que viene arrastrando el Santos ha llegado el momento de dar un giro vertiginoso.

- “Las cosas siempre empeorarán antes de mejorar” – épica frase de la aclamada trilogía del Señor de los Anillos. Y es que el Santos, en los últimos meses, ya pasó por las malas y las peores. Más grave, quiero creer, ya no se puede estar. Sigue lo positivo. Pero para que eso llegue es necesario reinventarse, cambiar el rumbo interno, reflexionar, hacer auto crítica y enfilarse de nueva cuenta.

Que los jugadores que llegan, y los que ya están, entiendan de una vez por todas que ellos no le hacen ningún favor al club al estar en sus filas; el Santos es y será siempre más grande y más importante que cualquier jugador. Parte del resquebrajamiento deportivo de los últimos años es que se protege, se consiente y se mima demasiado al futbolista dentro del club. Ahí está un punto de quiebre. Se les cuida y se les trata como si fueran de la realeza del futbol. Eso es nocivo porque el jugador se siente soñado, en una casa única donde no importa que su 100% no aflore, a fin de cuentas “mañana será otro día” y le dan a entender que merece lo mejor.


La mano dura no es buena, pero más grave es tenerlos siempre dentro de un estuche y entre algodones.

Ese factor terminó provocando un déficit serio: el Santos emigró de un estado de gracia a un contexto dramático. Antes existía un entorno de encanto, con futbolistas que se identificaban con el pueblo porque eran parte del pueblo. El aficionado acudía al estadio sintiéndolo su casa y ansiaba presenciar el espectáculo que les brindaba, con justa razón, sus adorados ídolos. La propuesta gustaba y cosechaba alegrías. Tras agotarse ese estado de gracia se emigró a la nula propuesta, abanderada por jugadores que no terminan de entender la idea porque ni ellos mismos se entienden en el campo.

Decisiones malamente tomadas desde de la banca hicieron corto circuito en la cancha con los ya de por sí desorientados jugadores que lo único que provocaron fue el rompimiento con la masa social, que pasó de verlos como ídolos a culparlos de su triste estado de ánimo. A nadie se le debe olvidar que el Club Santos influye determinantemente en el ánimo de un inmenso porcentaje de laguneros. Viéndolo desde ese contexto la responsabilidad social del club adquiere una dimensión abrumadora. El Santos debe volver a tomar en serio su papel de mediador entre la sociedad y sus malos vicios.

Un mediador que les otorgue alegría en tiempos difíciles.

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