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Miércoles , 20.06.2018 / 16:58 Hoy

Tribuna futbolera

Días felices

Luis Miguel Rodríguez Cruz

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Hubo una época reciente, hace un torneo, o dos… donde el Santos daba pena, donde en su campo no se reía ni Dios. Ahora gana de local y de visita, con autoridad, con la actitud del que quiere ganar y que desea imponer en cualquier terreno su estilo de juego. Es sencillo: el Santos impone el ritmo (y hasta casi las reglas) como se debe jugar cada encuentro. Al rival no le queda de otra más que verse absorbido por esa inercia de las circunstancias que el Santos dicta. Ayer Necaxa lo padeció. Fue en Aguascalientes, en un partido que comenzó al tú por tú, con aproximaciones de ambos y un nivel atractivo, no para el deleite, pero sí agradable para el espectador.

Siempre quedará esa incertidumbre que el futbol nos regala.

El Santos sabe generarla y darnos algunos sustos, pero al final nos regala una satisfacción un tanto contenida. La transmisión oficial encargada de la televisora inició con aquellas imágenes eternas del primer campeonato del Santos, de aquel invierno de 1996. La primera vez en todo siempre es especial… sí, en todo. Aquel Santos regó de gloria éste suelo de la Laguna ¿Será un presagio? Todavía queda un largo camino, pero lo que se va sembrando es alentador. Toca Monterrey en el TSM, que ayer se vio abrumado por el Puebla y terminó sucumbiendo en su campo, 3 a 1. Pobre Monterrey… le toca visitar al Santos en su feudo el próximo domingo.

Y es que ayer el Santos dio una muestra de temple, de confianza y de seguridad. Una vez que toma la ventaja ya no lo alcanzan, ya no le sacan el partido de la bolsa. Son muchas las cualidades que este equipo empieza a mostrar y a todos nos queda claro que ha venido cuajando, como un pastel que no queda crudo, sino todo lo contrario: está en su punto. Un medio campo productivo: los que jueguen, quien sea, hacen una buena labor y libran con éxito esas pequeñas batallas que en el centro de la cancha se dan.

Ahí es donde el futbol se genera, donde todo nace. Djaniny sigue con la mecha encendida y parece que no tiene un límite.

Siempre que el Santos ha tenido al campeón goleador ha pasado algo bueno, algo glorioso. Que esa sea una motivación extra para Djaniny.

Victoria merecida para un equipo que trabajó bien el juego, que se condujo bien, que tuvo sus apuros, pero nada que no se pudiera resolver.

El Santos va por buen camino y los santistas empiezan a ondear los pañuelos blancos desde el andén del barco que los lleva hacia la liguilla.

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