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Miércoles , 17.10.2018 / 11:36 Hoy

Tribuna futbolera

Cambio de narrativa

Luis Miguel Rodríguez Cruz

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El Santos, su entorno y su contexto, no deben ampararse en el arbitraje como vereda para justificar la derrota. Mal haría en caer en ese autoengaño. Una cosa es clara: la esencia del Santos (del campeón) ha entrado en una nueva narrativa. Y esa narrativa implica todo lo que hoy se puede decir y analizar de éste “nuevo” Santos. 


Sucede a lo largo de nuestra vida que nos acostumbramos a algo, positivo o negativo, pero nos acostumbramos. 

Lo lastimoso es cuando el contexto ha sido bueno y gratificante como lo fue el pasado torneo donde se levantó el campeonato y luego nos alcanza una realidad desagradable que nos obliga a levantarnos de la cama de rosas en la que estábamos. 


Lo inquietante ya está aquí: el equipo, a pesar de haber ganado en la fecha uno, preocupa y ocupa. Morelia no traía mucho y encima de eso el primer penal marcado (parece... parece que hay un ligero empujón) terminó catapultando al local. Pero el Santos no hizo cosas lo suficientemente convincentes en su juego para optar por tener una mejor suerte. Y es que el equipo de Siboldi penalizó su destino careciendo de todo lo que había gozado apenas el pasado torneo: cuadratura, dinámica, velocidad (pero con inteligencia y sentido), conectividad entre líneas, seguridad en el fondo, vértigo en ataque y, lo más importante: contundencia. Furch termina fundido. Hace lo suyo (que es una inmensidad) y trata de hacer lo que hacía Djaniny. 


Ya nos habíamos acostumbrado a vivir sin incertidumbre. Fue bonito mientras duró y estaremos eternamente agradecidos por el pasado torneo. Pero no podemos ir en contra de los tiempos. 


El Santos quiere y no puede. Y cuando trata no se le ven muchos argumentos convincentes sobre el campo. Lo escribí en mi columna anterior: tenemos una enorme responsabilidad y obligación como prensa. El pasado torneo fue muy “fácil” ser periodistas: cualquier idiota pudo decir que el Santos fue maravilloso, que Djaniny es un jugadorazo y que la pasamos genial en el TSM. Para detectar eso no se necesita ser erudito ni ir a la universidad.

Lo complicado está hoy con un equipo que no carbura y requiere análisis de fondo. Aquí es donde debe aparecer el periodismo para diagnosticar y luego tratar de proponer un tratamiento. 


Ayudar al Santos significa criticarlo con un fin constructivo, no apoyándolo ni mucho menos invitando a otros a que lo apoyen; esa es labor de los aficionados, no de los periodistas.

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