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Miércoles , 21.11.2018 / 12:56 Hoy

Diario de campo

Debate en Guanajuato

Luis Miguel Rionda

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El debate de la candidata y los cuatro candidatos a la gubernatura del estado de Guanajuato del pasado día 17 de mayo provocó, como era de esperarse, reacciones encontradas entre los que testimoniaron este ejercicio de confrontación de ideas.

De nuevo hubo quienes juzgaron que se trató de un evento aburrido y tieso, con un formato que limitó la interacción entre los debatientes, sumado a que los moderadores –Elisa Alanís y Leonardo Valdés— se mostraron poco incisivos en sus cuestionamientos.

Pero también nos manifestamos aquellos que opinamos que fue una experiencia exitosa, con una organización impecable por parte del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG)–sólo opacada por problemas iniciales de transmisión por parte de la empresa productora— y con una equilibrada selección de preguntas sobre la temática del primer debate–política y gobierno—, incluyendo cuatro cuestionamientos de la ciudadanía seleccionados al azar.

Los juicios llegaron al consejo general, donde un consejero y un representante partidista hicieron críticas ácidas sobre el ejercicio. Del primero no fue de extrañar, porque desde antes ha criticado el esfuerzo de los cinco consejeros que participamos en la Comisión Temporal de Debates, junto con los representantes de los partidos y candidatos. Del segundo sí me llamó la atención, pues fue un activo participante en el diseño del formato que ahora criticó. Sin embargo, el resto de los consejeros y varios representantes reconocimos que el debate fue un avance, y que hay muchas áreas de oportunidad que se pueden atender en el segundo debate el 10 de junio.

Es de destacar la sabia intervención del representante Martín Valtierra, quien ponderó los avances y convocó a la mejora. Desgraciadamente los medios no registraron su intervención ni la de los miembros del consejo que manifestamos opiniones constructivas.

En los medios de comunicación la situación fue similar: los que se concentraron en los aparentes negativos –como el tema de los honorarios de los moderadores—, y los que ponderaron el interés que significó comparar el desempeño de los cinco candidatos, que exhibieron comportamientos contrastantes y estrategias discursivas diversas. Los analistas pudieron evaluar con facilidad la seguridad de los aspirantes, su lenguaje corporal, su manejo del lenguaje, el dominio –o no— de los temas, su conocimiento de la entidad y sus problemas, y muchos otros aspectos de la personalidad de cada uno. Ese era el objetivo principal, y se logró.

Los pasivos que se han señalado son de carácter adjetivo, no sustantivo. Que si los moderadores no moderaron, es una cuestión de percepción personal: en el último debate presidencial se criticó el “protagonismo” de Yuriria Sierra y León Krauze. ¿Cuál es el justo medio? Que si cobraron demasiado, también es relativo y opinable. Los moderadores presidenciales facturaron cada uno 243 mil 356 pesos con 63 centavos, IVA incluido. Los nuestros 40 mil más IVA. Alguien criticó diciendo que era un pago excesivo por una hora y media de trabajo; se olvida que es una faena altamente calificada.

Que si las preguntas ciudadanas fueron “a modo”, demasiado obvias, incomprensibles y demás calificativos que leí en la prensa, opino que reflejan la soberbia de los opinólogos. De las doscientas preguntas que recibimos por varios medios, los consejeros que asistimos a la sesión de trabajo seleccionamos casi un centenar. No las “rasuramos”, sino que dejamos de lado las que particularizaban sobre algún candidato, las que insultaban, las incomprensibles y las reiterativas, porque nos interesaba que se abordaran los cuatro subtemas del debate: 1) Combate a la corrupción y la impunidad, 2) seguridad pública y violencia, 3) derechos humanos, pluralismo y grupos vulnerables, y 4) transparencia y rendición de cuentas. Por la escasez de tiempo se sortearon en cuatro peceras, y sólo se extrajo una de cada una.

Que si fue aburrido, porque –dicen— los candidatos no contestaban las preguntas y que casi no se criticaron mutuamente; opino que ello responde a sus estrategias y capacidades, y de eso se trata precisamente: si son evasivos y poco dialogantes podemos castigarlos con el látigo de nuestro voto.

Repetiré aquí lo que dije ante el Consejo General del IEEG: el ejercicio fue muy bueno porque aportó elementos para decidir, y que siempre he creído que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y va un pronóstico: no importa qué tanto se mejore y dinamice el formato del segundo debate, siempre habrá quien lo critique, y no se le puede dar gusto a todos. Pero también de eso se trata: de ser criticados, se vale. m

(*) Antropólogo social. Consejero electoral del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Profesor ad honorem de la Universidad de Guanajuato. luis@rionda.net – www.luis.rionda.net - rionda.blogspot.com – Twitter: @riondal

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