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Viernes , 22.06.2018 / 11:04 Hoy

El camaleón peripatético

Versos por balón dañados

Luis Miguel Aguilar Camín

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Antes de cualquier comentario —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—: no se vale hacer chistes respecto a que si los futbolistas no usan la cabeza para cabecear entonces para qué otra cosa van a usarla; o bien concluir que aquel futbolista del que en el argot se dice que “no cabecea ni en la ópera” ha hecho bien por así correr menos peligro. Dicho lo cual: te traigo una nota aparecida en el sitio web de la Universidad Stirling de Escocia (24/10/16). Un estudio reveló que cabecear un balón de futbol, juego que practican 250 millones de personas en todo el mundo, causa cambios instantáneos en el cerebro. Los futbolistas o futbolillos de Indias cabecearon 20 veces un balón enviado por una máquina que emuló la velocidad y la fuerza de un tiro de esquina. Antes y después de las sesiones de cabeceo los científicos examinaron la función cerebral y la memoria del jugador. Se detectó inhibición cerebral luego de una sola sesión de cabeceo. La memoria se redujo también entre un 41 y un 67 por ciento, con efectos normalizadores al pasar 24 horas. Uno diría: claro, no es casual que hayan hecho el estudio en el Reino Unido (¿o Desunido, luego del brexit?) puesto que esa zona futbolera del mundo es famosa por la búsqueda del juego aéreo. Pues no. Otro cable reciente de EFE (28/10/16) deja ver que en Estados Unidos también están preocupados por el asunto. Según investigadores del Albert Einstein College de Medicina en Nueva York, “golpear el balón con la cabeza repetidas veces, como suelen hacer los futbolistas, aumenta el riesgo de lesión cerebral y puede afectar al (sic) deterioro cognitivo”. Hicieron un seguimiento “a 28 jugadores aficionados, de 30.8 años de media, que practicaron el futbol desde niños”. Los clasificaron según la frecuencia con la que despejaron o remataron de cabeza en el último año y compararon las imágenes cerebrales de los jugadores hechas con técnicas avanzadas de resonancia magnética. “Entre los que tocaron más de cabeza el balón era más frecuente una lesión cerebral similar a la observada en pacientes con conmoción cerebral, también conocida como lesión cerebral traumática”. Ya prendieron la alarma: de los 18 millones de estadunidenses que juegan al futbol, el 78 por ciento son menores de dieciocho años.

—Pues entre una cosa y otra recordé a un poeta por quien sé que, a veces, hay más versos por balón dañados o rotos que células cerebrales. Que me conste, Miguel Hernández escribió dos elegías. La más famosa de ellas dice en la dedicatoria: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería”. Muchos supimos de ella por primera vez a principios de los 1970 por el disco con poemas de Miguel Hernández y música de Joan Manuel Serrat. La otra es una “Elegía al guardameta” dedicada así: “A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela”. Se trata de un poema a la muerte de un portero de futbol que se pegó contra uno de los postes. (Una de las evocaciones en el poema dice: “A los penaltys que tan bien parabas/ acechando tu acierto,/ nadie más que la red le pone trabas,/ porque nadie ha cubierto/ el sitio, vivo, que has dejado, muerto”.) Nunca he sabido si decirle “sampedro” al guardameta (porque san Pedro es el portero del cielo) era algo al uso en España o fue un invento de Miguel Hernández. Lo que me sorprendió varios años después de conocer el poema es que él mismo estuviera “inflamado en amor por los balones” como en uno de los versos dice que lo está el portero Lolo, y fue en el Epistolario (Alianza Editorial, 1986). En las cartas (una, por cierto, dirigida a Federico García Lorca) me enteré de que Miguel Hernández jugaba futbol e inferí, más aún, que gustaba de il copo di testa, como se le dice en Italia. Con extractos de esas cartas armé un breve poema con versos igualmente breves: sus cortes abruptos sugieren en efecto golpes de cabeza. Va de corrido por motivos de espacio. Balón y versos. Dinero (no me alcanza)./ Ocupado (trabajo)./ Abril,/ Futbol, mujer, agotado,/ Distraído.// Ahí va esa foto/ Deportiva: soy el de la X./ Destrozo/ Tantos versos/ Dándoles con el/ Balón,/ Con la/ Cabeza.// Hoy tengo algo más de dinero./ (Treinta de mayo, no trabajo.)/ He dejado en tres o cuatro/ Vientres inútiles/ Otros tantos hijos/ Que tenía reunidos./ Mayo/ Se me acaba y yo/ Descanso del/ Balón/ Que tantos/ Versos/ Me rompe”.

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