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Viernes , 21.09.2018 / 01:53 Hoy

El camaleón peripatético

Una pesadilla de Eduardo Torres

Luis Miguel Aguilar Camín

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Si has pensado en él para tu burla —me advierte el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, no pasarás. Y va con todo y lema: Eduardo Torres soy yo.

—No hace falta, camaleón. Pero recordemos: Eduardo Torres es un escritor que inventó Augusto Monterroso. Su vida y obra reposan en silencio, y por lo demás, en Lo demás es silencio (Joaquín Mortiz, 1979). Torres fue un insigne polígrafo aunque algunos lo juzguen tan solo una celebridad parroquial que habitó en la localidad también inventada de San Blas, SAN BLAS, S.B., donde Torres (publicando sobre todo en el Suplemento Dominical de El Heraldo de San Blas, de San Blas, SAN BLAS, S.B.) forjó una obra breve pero extensa. Incurrió en todos los géneros; algunos de los AFORISMOS, DICHOS FAMOSOS, REFRANES Y APOTEGMAS DEL DOCTOR EDUARDO TORRES EXTRAIDOS POR DON JUAN MANUEL CARRASQUILLA* (en asterisco fundamental al pie se dice: "*Estudioso") ya los hemos "justipreciado" aquí: "Poeta, no regales tu libro: destrúyelo tú mismo". O aquel, imperecedero en su grandeza, que no gigantismo: "Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a simple vista". ¿Y el amor? No podía faltar el amor en la obra de Eduardo Torres: "El amor es mientras todavía no lo es del todo".

—Si quieren una muestra de su talento poético, una muestra daremos. A finales de los 1940 un anuncio de detergente decía en la voz de un locutor dirigida a las amas de casa: "ACE lavando/ y usté descansando". Eduardo Torres escribió un poema que empieza: "ACE lavando,/ tú descansando/ y yo penando". Otras estrofas dicen (ah de lo que pueden las cultas rimas): "Recitabas Baudelaire/ y leías Molière/ a más no poder./ Y yo penando.// Me decías: no ven/ el espíritu joven/ del gran Beethoven./ Tú descansando".

—Pues pensé en matar dos pájaros de un Torres mientras recordaba cómo él se ocupó de dos sujetos hoy muy sobrevaluados por la inmortalidad. (Quizá Torres habría añadido: "por la letal inmortalidad".) Al punto en que este próximo 23 de abril se juntarán sus nombres como si no hubieran caducado de toda caducidad 400 años después de caducados. Eduardo Torres era un gran experto en Shakespeare; lo conocía y frecuentaba tanto que alguna vez se le tras-shakespirió la aludida frase "Lo demás es silencio" que aparece en Hamlet, y Torres, temeroso de que se perdiera para siempre, fue a meterla en La tempestad. Pero lo suyo, lo suyo, era Cervantes. Desde que a sus manos sanblaseñas llegó un día "una nueva edición del Quijote" Torres no dejó de hacer una crítica ponderada, "mas" severa, al nacido en la Puerta de Alcalá de Henares. Torres fue siempre más amigo de la verdad que del porquero de Agamenón. Por eso señaló en su reseña al Quijote: "Tenemos que lamentar también algunas erratas visibles que mucho perjudican el prestigio de tan gran escritor. Por ejemplo, en la página 38 puede leerse que el protagonista dice 'fuyan' en lugar de huyan, como es lo correcto; más adelante hay un 'hideputa' que hiere la vista. Debió ser... pero no lastimemos el oído de nuestras delicadas damitas". Y qué decir del séptimo mandamiento de su "Decálogo del escritor", en realidad un decálogo con doce mandamientos para que hubiera de donde escoger diez al desechar cada quien dos: "Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan".

—"Mas" es nuestro deber, siguiendo el ejemplo del maestro Torres, señalar algo: sus mano-a-mano con el Manco de Lepanto ocultaban, por momentos, cierta inseguridad antes de que el aplomo recayera como plomada de alivio sobre él. Monterroso incluyó en La letra e (Era, 1987) un hallazgo hecho en San Blas. ¡Y qué hallazgo!: un manuscrito. Se ignoraba el nombre de su autor pero los expertos, al cabo de sesudos análisis, concluyeron conclusivamente que era de Eduardo Torres, ya fuera por su referencia al situ in situ mencionado (San Blas), o por la sabida obsesión cervanteásica (solo así puede llamársele) de Torres. El hallazgo: MANUSCRITO ENCONTRADO JUNTO A UN CRÁNEO EN LAS AFUERAS DE SAN BLAS, S. B., DURANTE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS EN LOS AÑOS SETENTA EN BUSCA DEL LLAMADO COFRE, O FILÓN. Dice, genialmente: "Algunas noches, agitado, sueño la pesadilla de que Cervantes es mejor escritor que yo; pero llega la mañana, y despierto".

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