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Domingo , 24.06.2018 / 03:10 Hoy

El camaleón peripatético

Rebésame remucho

Luis Miguel Aguilar Camín

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Empecemos por "El beso de Catulo" —me propone el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, el texto del poeta cubano Eliseo Diego (Nexos, julio de 1990) que mencionaba al clasicista británico Gilbert Highet y una feliz revelación. Sin saberlo, le rendimos homenaje al poeta latino Catulo cuando usamos una de las palabras más comunes en nuestro idioma: la palabra "beso". Y lo mismo les sucede a los italianos, franceses, portugueses y a quienes comparten con nosotros las mismas raíces idiomáticas. Fue Catulo quien la introdujo en su latín. "¿De dónde la tomaría?, se pregunta Highet. Quizá de un dialecto celta que se hablaba en Verona, la ciudad donde transcurrió su infancia". Es de suponerse que Catulo también fuera el inventor de los "mil besos", y sus etcéteras, en la poesía. Hasta en latín se entiende: "Da mi basia mille".

—Así es, camaleón. Traducidos por Rubén Bonifaz Nuño (Cármenes, UNAM, 1969), dicen los tres versos sobre el asunto en uno de los poemas más famosos de Catulo: "Dame mil besos, y después un ciento;/ luego otros mil, luego segundos ciento;/ luego otros mil seguidos, después ciento". Todo lo que siguió en esa materia fueron variaciones o literalmente avatares de los primeros, múltiples besos de Catulo.

—Hemos vuelto a uno de los más célebres debido a una traducción reciente al inglés de la gran poeta francesa del siglo XVI, Louise Labé: Love Sonnets & Elegies, en traducción de Richard Sieburth (New York Review Books, 2014). Referiremos de entrada que en su nota final Sieburth se vuelve el, hasta ahora, último y convincente desactivador de una bomba: la que puso en el año 2006 la erudita en literatura renacentista francesa Mireille Huchon con su libro Louise Labé. Una criatura de papel, donde sostenía que la poeta era un invento de otros poetas, encabezados por el sofisticadísimo Maurice Scève. Sieburth, quien ha sido también un notable traductor de Scève (Emblems of Desire, Universidad de Pensilvania, 2003), refuta la certeza del timo y concluye que los poemas de Labé solo pudo escribirlos
una mujer.

—Lo mismo sostuvo quien (que yo sepa) es la última traductora de Louise Labé al español, Aurora Luque, en Sonetos y elegías (Acantilado, Barcelona, 2011). Volvamos a la cuestión de los besos. Luque tradujo así los dos primeros cuartetos del poema de Labé que retoma el motivo catuliano:

Bésame una vez más, vuelve a besarme,

dame un beso de aquellos más sabrosos,

dame un beso de aquellos amorosos,

cuatro en brasas a cambio he de entregarte.

Mas ¿te quejas acaso? Ven que calme

tu mal con otros diez besos melosos.

Mezclando así los besos, tan dichosos

mutuamente gocemos del instante.

Dos cosas. Si hacemos sencillas cuentas, los besos que ofrece la poeta son catorce. En la edición de Aurora Luque no encontré este detalle que Sieburth focaliza: son catorce besos porque catorce son los versos de un soneto. La otra cosa tiene que ver con el primer verso. Dice el original en lengua francesa del año 1555: "Baise m'encor, rebaise moy et baise". Me llamó la atención algo. De las cuatro versiones previas al inglés que consultó Sieburth, solo tengo la de Annie Finch: Louise Labé. Complete Poetry and Prose (Universidad de Chicago, 2006. La traducción de la prosa es de Deborah Lesko Baker). Al hablar sobre el modo en que tradujo el verso, Sieburth no hace referencia a ella pero veo que siguió la solución de la previa traductora Finch para el centro del verso, que es la palabra rebaise. Una antes que el otro escogieron, para mí tan sorpresiva como acertadamente, algo que no existe en inglés sino hasta que lo hicieron existir para dar a Labé en esa lengua: "rekiss". Finch: "Kiss me again, rekiss me, and then kiss/ me again)". Sieburth (y creo que también atina al poner el "encor" o el "again" o el "otra vez" al final del mismo verso): "Kiss me, rekiss me, & kiss me again". Me parece entonces que con un poco de atrevimiento el verso tendría un mejor y más natural reflejo en lengua española si lo aproximamos a rebaise. En todo caso ya siempre que me detenga a pensar en el verso pensaré en algo así como "Bésame, rebésame, y bésame otra vez". Aunque, a no dudarlo, el inconsciente, incorregible o aquerenciado con la más universal y difundida de las canciones mexicanas, compuesta por esa suerte de gran Labé del bolero llamada Consuelo Velázquez, a cada "rebésame" añadirá sin prurito ni tardanza ¿qué más, camaleón? Pues "remucho".

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