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Jueves , 19.07.2018 / 01:23 Hoy

El camaleón peripatético

Edurne

Luis Miguel Aguilar Camín

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¿Qué regreso al pasado buscas? —pregunta el camaleón peripatético al entrar en el cuarto donde escribo—. No solo tienes aquí, llegado casualmente semanas atrás por diversos arreglos interdomésticos, un viejo tocadiscos sino que suena en su vieja tornamesa un viejo disco trabajado por viejos surcos y extraído de un estuche en papel cartón donde las viejas cintas de diurex para resanar las tapas rotas están marchitas y retorcidamente secas; y ya no se diga el forro de plástico de un gris que se cae de negro por el polvo a vastedad acumulado. Se imponen dos preguntas más: ¿qué disco es éste que ha sobrevivido a la guerra del tiempo? ¿Por qué lo andas oyendo?

—Lo tengo desde que estaba en segundo de secundaria (hablo de 1970-71) y no paraba de oírlo en la casa materna. Bajo las manchas aún puede leerse en la portada: "Joan Manuel Serrat en México. Canta en castellano y en catalán". Luego anunciaba dos canciones, por supuesto el gancho para comprarlo ya que eran dos de las más famosas de Serrat: "La fiesta * Penélope". Las otras canciones en castellano eran "Tiempo de lluvia", "Si la muerte pisa mi huerto" y "Como un gorrión". Pero yo las oía a la par que las canciones en catalán, "Como lo hace el viento", "Palabras de amor", "Sabes" y "Canción de madrugada", es obvio que sin entender más que unas cuantas palabras en esa lengua. Qué más daba. La música era suficiente.

—Falta mencionar la canción que ahora (no vayas a rayarla) más te oigo poner. Noto que la leyenda en portada debió entonces decir: "...Canta en castellano y en catalán (y un poco en vasco)".

—Así es. Una canción de tan dulces sonidos como el nombre que la titula: "Edurne". En cinco estrofas castellanas refiere la historia de una muchacha vasca. La parte en que el amor entra a su vida, dice: "Y creció viendo a sus pies Tolosa,/ a un tiempo recia y hermosa/ como un tronco de abedul;/ su jubón colorado de lana/ partía en dos la mañana/ al abrirse su ventana azul". La parte en que matan a su amante, dice: "Poco tiempo tu amor te ha gozado:/ se lo llevaron atado/ unos hombres de metal;/ y encontraron detrás de la casa,/ por el camino de Amasa,/ sus veinte años rotos contra un zarzal". Edurne se dedica entonces a refugiar gente perseguida. Al término de cada estrofa hay un estribillo en vasco que de modo invariable empieza diciendo (no sé cómo se escriba; me lo imaginaba como sigue al oírla) "Avestu Edurne" ("Canta Edurne..."). Tampoco hacía falta saber vasco para entender que las intermitencias de esa lengua en la canción iban comentando y adelantando la historia. El último "Canta Edurne" da en que con ella canta también el pueblo vasco.

—Ya veo por qué volviste a "Edurne" como si fueras a un inopinado refugio luego de leer esta nota (MILENIO/El Mundo, 23/02/16) firmada por Fernando Lázaro: "Las guarderías municipales de Pamplona imponen el euskera". La nota reporta: "Sí o sí. El paso hacia la euskaldunización en Navarra es cada vez más acelerado... Los pasos más contundentes empiezan a darse en la capital, en Pamplona. El Ayuntamiento" [que gobierna Bildu con el respaldo de Podemos y el apéndice del PNV Geroa Bai] "impuso ayer un incremento de la oferta de plazas municipales de guardería en euskera que conlleva que dos escuelas infantiles que hasta ahora ofrecían las clases en castellano pasen a darlas en la lengua vasca. Los padres de ese centro que deseen que sus hijos se sigan educando el próximo curso en español tendrán que solicitar el cambio de guardería". Explica el autor del texto: "Lo que hace el nuevo consistorio de la capital de Navarra es, por tanto, sustituir las plazas de guardería (para niños de cero a tres años) que existen en castellano por otras en euskera, en lugar de simplemente incrementar la oferta en lengua vasca".

—Por eso la Bióloga Soto, cuya madre tuvo en su segundo apellido el vasco Zavalza, me comentó: "Como en el franquismo, pero al revés". Llegué de nuevo a una conclusión y tuve un deseo. Lo primero es comprobar que el nacionalismo, el regionalismo, el autonomismo absolutos acaban por ser absolutamente reaccionarios. Mi deseo fue, en algún universo paralelo, haber nacido profundamente vasco y que me naciera una hija profundamente vasca a la que desde lo más profundo de mi corazón vasco la bautizaría Nieves. Y así, a quien preguntara contestarle: Nieves equivale al dulce nombre Edurne, cosa que no habría sabido desde la adolescencia si un cantante catalán no hubiera cantado en castellano.

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