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Domingo , 23.09.2018 / 04:00 Hoy

El camaleón peripatético

Dos poemas navideños

Luis Miguel Aguilar Camín

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Te dejo—lee el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—dos poemas navideños con notas respectivas. El primero es del poeta catalán Joan Salvat-Papasseit (1894-1924). He hecho una versión en castellano tomando de o conjugando tres traducciones a mi alcance: de José Agustín Goytisolo (en Poetas catalanes contemporáneos. Seix Barral, Barcelona, 1968); de José Corredor Matheos (en Ocho siglos de poesía catalana. Selección y prólogo de J. M. Castellet y Joaquim Molas. Alianza Editorial, Madrid, 1969); y de José Batlló (en Joan Salvat-Papasseit. Cincuenta poemas. Lumen, Barcelona, 3ª. edición, 1980). Sobre la palabra “zambomba” leemos en el diccionario de María Moliner: “f. Instrumento musical rudimentario formado por un cilindro de madera o metal (a veces, un bote vacío) u otro material, una de cuyas bases se tapa con un pergamino a cuyo centro se sujeta una caña; pasando la mano humedecida, oprimiendo con fuerza, por esa caña, vibra el pergamino y produce un sonido ronco; es un juguete muy usado en los días de Navidad”.

El segundo es del poeta estadunidense Delmore Schwartz (1913-1966). Mi traducción del inglés se publicó por vez primera en el suplemento “La Cultura en México” de la revista Siempre! (octubre 11, 1978). Estaba un poco recargada; la he vuelto a trabajar y ofrezco una más sencilla. El principio del poema es un eco del soneto LXXIII de Shakespeare (“That time of year thou mayst in me behold”). La referencia al “quinto año” es del Levítico (19, 25; en versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera): “Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que hos haga crecer su fruto: Yo Jeohvá vuestro Dios”. Van, camaleón.

Navidad

Joan Salvat-Papasseit

Siento el frío de la noche

y oigo la oscura zambomba.

Y al grupo de muchachos que ahora pasa cantando.

Oigo el carro de los apios

rodar sobre el empedrado

y a los que van delante, todos rumbo al mercado.

Mi familia, en la cocina,

junto al brasero que arde,

bajo la luz del gas ha dado fin al gallo.

Ahora miro la luna, que me parece luna llena;

ellos cogen las plumas,

y añoran ya el día de mañana.

En la mesa, mañana olvidaremos a los pobres

—tan pobres como somos.

Jesús ya habrá nacido.

Nos mirará un momento a la hora de los postres

y después de mirarnos arrancará a llorar.

El crepúsculo de invierno, brillando en negro y oro

Delmore Schwartz

Esa época del año pueden mirarla en mí

Cuando los árboles navideños llamean sobre la acera,

Rabian contra la nieve rancia y el cielo

Frío, bajo y deslavado, color gis.

Silbante y voraz, la planta que brilla:

Se alza como la vehemencia, una hoguera activada

(Igual que cuando el tutti se remonta, y el canto

Asciende —¡hurrajím!—desde el coro pascual).

Pero esto es sólo cierto a las cuatro en punto.

Al atardecer el quinto año es de nuevo ultrajado:

A una muchacha distante le llevo pastel y manzanas,

Canicas, pinturas, secretos, mi corazón crecido

Y ya preso en la experiencia y la música del arte:

Pero de nuevo, como antes, bienvenido y rechazado.

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