• Regístrate
Estás leyendo: Dos escritores y Trump
Comparte esta noticia
Lunes , 15.10.2018 / 17:36 Hoy

El camaleón peripatético

Dos escritores y Trump

Luis Miguel Aguilar Camín

Publicidad
Publicidad

Te traigo —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— dos modos especiales de hablar sobre Donald Trump. 1. El escritor inglés Martin Amis (Harper’s Magazine, agosto de 2016) se dio a la tarea de leer Trump: The Art of the Deal (1987), y Crippled America. How to Make America Great Again (2015). 2. El escritor estadunidense Richard Ford (Times Literary Supplement, 30 de julio de 2016) hizo una “Anatomía de Trump. Un ensayo personal”. Van algunos momentos de ambos textos.

1. Ante las frases escritas de Trump, sus frases habladas como “Yo soy lo que soy” y “Lo que digo es lo que digo” parecen relativamente ricas. Al menos comunican una actitud; en las frases por escrito ni siquiera hay eso. ~p. ix: “Mi apariencia es la de un tipo muy agradable”. p. xiv: “De veras soy un tipo agradable”. p. 89: “Soy un tipo agradable. Realmente lo soy”. ~Al cabo se apoderan de la prosa de Trump los párrafos de una sola palabra. Por ejemplo: “La gente dice que yo no proporciono políticas específicas… Yo sé que no es como lo hacen los políticos profesionales… Pero no hay nadie como yo.// Nadie”. O: “He probado que todos están mal.// ¡TODOS!”. ~Si referirse a uno mismo en tercera persona no es habitualmente una señal de bienestar psicológico, ¿cómo evaluar los enumerativos “Donald Trump construye edificios/ Donald Trump desarrolla… etc.”? ~Luego de dos días de pompa y circunstancia en la Casa Blanca, el cerebro de Trump no sería más que una letrina de testosterona. ~¿Cuál es el “pueblo” de Trump? Paradójico: el electorado del más grande Ganador se encuentra entre los perdedores estadunidenses. Blancos, heterosexuales, y varones han descubierto que el prestigio de ser blanco, heterosexual y varón se ha debilitado. Se imaginan redimidos por Trump, Inc. que tiene las credenciales obvias (“Manejamos pistas de hielo para patinar, producimos shows televisivos, hacemos productos de cuero, creamos fragancias, y somos dueños de hermosos restaurantes”), y las cosas se invertirán para los no-ricos y los no-educados (y también para los no de color, los no-gays y los no-mujeres). ~Es como si nadie le hubiera dicho a Trump (a) que las mujeres van al baño (“Asqueroso”, dijo de un receso de Clinton para ir al baño), y (b) que las mujeres amamantan (“Asqueroso”, dijo de una abogada que fue a extraerse leche para su recién nacido). ¿Nadie le ha dicho (c) que las mujeres votan? Y espero que eso también le resulte asqueroso, en noviembre. Esta contienda será la madre de una batalla de los sexos, Donald contra Hillary, y contra las innumerables hermanas de Hillary en las urnas.

2. Es como estar viendo un caleidoscopio barato… Pensar en Mr. Trump, hacer el intento de fijar el ahí que supuestamente está ahí, es como querer imaginarse el diseño básico de un caleidoscopio dentro de su tubo de papel vacío. No hay ninguno. ~Para medir qué tan “real” es el candidato Trump, pienso en algunas actividades diarias. De entrada, estoy seguro de que no podría comer a solas con Mr. Trump en mi restaurant favorito en París. Me lo echaría a perder. No podría ir de pesca a un lago lejano en Maine. Por lo mismo. No podría ni explicarle ni interesarlo en las cosas que me angustian respecto a mi cirugía de glándula salival (o en mi divorcio, de haberme divorciado). No podría hablar con Mr. Trump de la gran novela que acabo de leer. Él estaría leyendo algo mejor; probablemente de su “autoría”. No podría ir al cine: Mr. Trump no pararía de hablar. En todas estas actividades (cosas que podría compartir con muchos otros extraños) Mr. Trump y yo no tendríamos nada que decirnos. Nada mutuo. No estoy seguro de por qué esto parecería importante, pero lo es. ~Para ser justos, es posible que con Mr. Trump pudiera ir a una pelea de box, o mejor aún a una pelea de artes marciales mixtas en una jaula de hierro (él ya habría conseguido buenos lugares). ~Donald Trump ha mostrado que el sistema político estadunidense es la charada que todos sabíamos era: un campo burlesco de batalla donde una burla como él mismo puede ser exitosa. Un metacandidato. ~Si al verlo tenemos una sensación de irrealidad, en realidad somos nosotros los amenazados con no existir del todo; los culpables de no tener algo mejor en nuestras cabezas. Es nuestro malestar nacional con la vida lo que se ha vuelto el problema. ¿Donald Trump? Real o no, es sólo un síndrome de mal gusto de nuestra enfermedad: una más de las cosas en las que no queremos pensar mucho.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.