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Miércoles , 17.10.2018 / 09:57 Hoy

Opinión

Empezaré a construir mi muro ideológico

Luis Lozada León

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Era la madrugada del nueve de noviembre cuando veía atónito en mi televisor la confirmación de la victoria del candidato republicano, Donald Trump.

Como recordaran estimados lectores, en el pasado artículo afirmaba tajantemente que Hillary sería la vencedora, y no era el único, diversos medios norteamericanos e internacionales también lo daban por hecho.

En las elecciones pasadas en donde parecía destinada a un triunfo claro e inobjetable, asistimos a un fenómeno anómalo que consiste en que la raza blanca salió a votar a favor de lo ilógico, en contra del “establishment”, por un individuo que le perdió respeto a casi todos los valores morales de occidente, expresa un misterio de tal magnitud que a todos nos envuelve en una gran conmoción.

Digámoslo ya, la política estadounidense nos demostró que en esta elección hay dos posturas radicales y claramente diferentes, y la elección es siempre obra del sujeto y la vocación en cambio, da forma al sujeto y así vemos como la vocación de elegir perdió ante la elección por un sujeto de nueva generación que dispone de nosotros y se impone; recordando el argumento del libro “Una Princesa en Berlín” (Solmssen) en el cuál un pobre artista norteamericano, tocado por el destino, acaba en el Berlín descompuesto de la República de Weimar. Una sociedad partida en dos, entre poderosos y pobres. Entre unas élites que se enriquecen especulando y unas clases bajas que resisten sin rumbo ni esperanza. Todos han perdido la fe. Los unos se devoran a los otros.

Es un libro muy adecuado para el momento en que vivimos. De lectura amena a pesar de la crudeza de la ciudad y sus gentes. De las terribles situaciones. Las conclusiones que se extraen son demoledoras: el nazismo era casi inevitable, era en lo económico una solución, tal como lo corroboran historiadores economistas como John Kenneth Galbraith.

El autor no señala explícitamente todas las conclusiones, más bien son ideas que se deducen. Es trágico constatar que el nazismo fue una consecuencia y no una causa. Durante los terribles años de crisis, recesión e inflación, los bancos alemanes especularon y robaron a sus propios ciudadanos, ahogando y estrangulando al pueblo. ¿Acaso no se estará repitiendo la historia de esa Alemania de los años veinte en la Norteamérica contemporánea?

Trump conlleva el pragmatismo político, reduciendo los conocimientos humanos a instrumentos de acción y busca el criterio de verdad de las teorías en su éxito práctico. Si se tiene una ideología muy arraigada y observan que a los efectos prácticos no sirve para nada, “cedes” un poco en los principios y te adecuas a la realidad que siempre termina imponiéndose.

Muchas veces se dice que los políticos traicionan su ideología, pero lo cierto es que una cosa es opinar sobre algo y otra es estar en un gobierno y tratar de hacer las cosas con los medios que uno cuenta y con los obstáculos que eso supone y si el gabinete que conforme Trump es claramente dogmático el mundo se acerca peligrosamente a un fanatismo irracional, a un nacional socialismo, subyugando y dominando, suprimiendo y exterminando a la oposición.

Son muchas lecturas y causas que conllevaron al triunfo de Trump, pero creo que la más importante es que la raza blanca no está de acuerdo con un sistema social demócrata, plural e incluyente, ni mucho menos con el Obama Care, la Ley para la Protección de Pacientes y Cuidados de la Salud Asequibles; por lo que estamos en presencia del despertar del sueño americano que se convertirá para muchos, entre otros nosotros, en la pesadilla americana.

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