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Viernes , 20.07.2018 / 15:28 Hoy

Mirada en la red

El cuerpo, último reducto

Luis A. Guadarrama Rico

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Dar cauce a nuestros pensamientos y que deambulen por donde se nos dé la gana, tiene como fuertes amarras lo que se nos enseña –desde recién nacidos-- como bueno, malo, perverso y también como sublime o santo. Si lo que nos caracteriza es la tendencia a la culpa por todo aquello que roce las normas, desechamos o reprimimos aquello que el cerebro avienta para inquietarnos. Nada de albergar lo profano, anormal, atípico ni menos aún lo retorcido.

Luego, aquello de expresar (hablar, escribir o dibujar) cosas que atenten contra lo establecido, contra la bien visto, ha costado millones de vidas por pensar distinto; por proferir ideas que despostillen o ataquen lo establecido. Así se fueron a la hoguera, a la horca, a la guillotina, a los trabajos forzados, a la prisión, a los hospitales psiquiátricos o al destierro, un amplísimo grupo de librepensadores(as) que dieron a conocer sus rebeldes pensamientos. La existencia cegada, fue el precio de su habla.

Ambas formas de control continúan o medio languidecen, pero ahí están. ¡Cuidado con lo que se piensa! ¡Atentos(as)! Que nada salte de las buenas maneras y de lo angélico. Precavidos(as) con aquello que se escribe o publica. Será usado en nuestra contra, ahora, después o post mortem. Es cierto, en una parte del mundo las formas punitivas ya no son tan bárbaras, pero pervive la segregación, el silencio, la inacción o quedar en la "banca" ocupacional.

Ahora, por diversos costados asistimos a un cúmulo de intentos —espero que fallidos— por controlar el cuerpo de las personas que tengan 18 años de edad o más. Para mí, este asunto de la iniciativa que el pasado 17 de mayo envió al Congreso de la Unión el Presidente Enrique Peña Nieto, para actualizar el Artículo 4º Constitucional y el Código Civil Federal, constituye un valioso intento que busca(ba) impedir que el cuerpo, su sexualidad, su erotismo y su variadísima e inescrutable capacidad amatoria, deje de ser propiedad de las vetustas e infaustas religiones.

¿De qué se trata? Que cada ser humano mayor de edad, si se le da la gana, tenga derecho a casarse por vía civil con la per-so-na de su elección. Que derivado de ello, tengan la protección de la ley, en asuntos tan cotidianos como: la atención médica hacia su cónyuge, a través de la seguridad social de alguno de los dos; que en caso de fallecimiento, le pueda heredar sus bienes. Si lo desean, que puedan adoptar para ejercer la maravillosa experiencia de ser padres o madres, como lo decidan.

La Arquidiócesis Primada de México y uno de sus brazos de divulgación, el semanario Desde la fe, han convocado a manifestarse en contra del matrimonio igualitario los días 10 y 24 de septiembre, en todas las entidades del país. ¡Viven en un Estado Laico! ¿Lo han perdido de vista? El cuerpo, es nuestro.

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