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Martes , 11.12.2018 / 13:00 Hoy

Mirada en la red

Astillas del primer mensaje

Luis A. Guadarrama Rico

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A través del discurso del nuevo presidente de México, pronunciado el pasado sábado en dos versiones, se puede avizorar no solamente su visión como hombre de Estado, sino aquello que espera lograr durante su sexenio. Mantuvo su peculiar estilo. Ninguno de sus recientes antecesores había osado mencionar el saldo que ha dejado el modelo neoliberal en materia de desigualdad, pobreza y erosión del Estado de bienestar, tanto aquí como en otras partes del mundo. Propuso erradicar asuntos de gran calado que --hay que decirlo-- consumirán décadas enteras; habrá resistencias y no pocas mascaradas. Empleó una larguísima lista de enunciados iniciados con noes, se acabó, se terminó o, no habrá más. Hay problemas endémicos para los que lamentablemente no bastará con poner el ejemplo.

El poder legislativo va a tener que poner en marcha estrategias para sortear la presión que recibirán de las élites católicas y de otros grupos reaccionarios, si es que efectivamente habrá un claro avance nacional en asuntos como: matrimonios entre personas del mismo sexo; adopción por homoparejas; interrupción legal del embarazo hasta la doceava semana de gestación; atención con calidad y libre de discriminación a personas que viven con VIH; el ejercicio del derecho a la salud sexual y reproductiva, comenzando con adolescentes y, desde luego, una efectiva actualización de contenidos en los libros de texto de educación básica (desde preescolar hasta nivel medio superior) en el anchuroso campo de las sexualidades y de la diversidad familiar.

Durante la segunda versión de su alocución, el presidente AMLO volvió sobre aquello que había mencionado en uno de sus spots: «Yo, me hinco donde se hinca el pueblo», frase que adjudicó a Ignacio Ramírez Calzada, un liberal con visibles rasgos jacobinos y básicamente ateo, al que también se le atribuye «No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos».

Cuando se toman prestados párrafos de filósofos, ensayistas, científicos o pensadores, usualmente sirven para avivar emociones y sumar voluntades. La otra cara de tal recurso es que regularmente se aniquila el sentido original y el contexto que generó la expresión, al tiempo que el análisis y el juicio disminuyen. Después del cardenismo, veremos qué sucede en este aparente punto y seguido.

Coordinador Ejecutivo
Red FAMECOM

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