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Miércoles , 20.06.2018 / 01:07 Hoy

Mirada en la red

Acción Social vs. VIH-SIDA

Luis A. Guadarrama Rico

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La política pública, cuando se traduce en programas, requiere de la participación de la sociedad. Un ejemplo tiene que ver con la lucha contra el VIH y el SIDA. En México, este año 2014, están registradas ante el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el SIDA (CENSIDA) un total de 403 Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC). De todas ellas, 111 lograron calificar para obtener financiación este año, mediante la adecuada y consistente formulación de sus proyectos. El CENSIDA financió 184 proyectos de intervención, lo que significa que algunas OSC lograron fondos para más de una iniciativa. Los fondos públicos asignados al total de los proyectos apoyados sumaron poco más de 100 millones de pesos.

El trabajo que realizan estas OSC con grupos de alto riesgo es de capital trascendencia. Existen OSC que están trabajando con: Lesbianas, Gays, Travestis, Bisexuales, Transexuales, Transgéneros e 
Intersexuales. Otras más realizan esfuerzos para prevenir y detectar VIH en Hombres que tiene sexo con hombres (HSH) pero que no se identifican como 
gays. Mujeres que tienen sexo con mujeres (MSM) que no se identifican como lesbianas. También reciben atención y pautas de conducta saludable las/os trabajadoras(es) sexuales y/o profesionales del sexo; lo que implica que por fin esta longeva actividad está considerada como un empleo. El CENSIDA apoyó también proyectos enfocados a brindar atención a mujeres y hombres con ITS: Indígenas en situación de calle, poblaciones móviles y mujeres embarazadas.

Las mujeres que sufren violencia de pareja también constituyen un grupo de riesgo para VIH, en tanto que usualmente están sujetas a mantener relaciones sexuales con su "cálida pareja" y, desde luego el uso de condón masculino o femenino está poco menos de penalizado por el victimario, con lo que carecen de protección para su salud e integridad. Dadas nuestras condiciones de marginación, de pobreza y de amplias oleadas migratorias que continúan y que se acrecientan, tanto intra como extranacionales, estos grupos representan un foco de especial atención para tratar de controlar la propagación del VIH-SIDA, debido a los desplazamientos y nuevos contactos interpersonales que se fraguan durante la travesía de un lugar a otro.

Aunque pocas ocasiones se tiene presente a las personas recluidas en los centros penitenciarios, identificadas como Personas Privadas de 
su Libertad (PPL), se tiene documentado que esta condición de reclusión, aumenta la incidencia (casos nuevos) para VIH y para Infecciones de Transmisión Sexual. Tan importante cada uno de estos grupos como brindar atención a la población joven sexualmente activa que ahora inicia desde los 14-16 años de edad. Así que... ¡Protección, lo número uno!

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