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Jueves , 18.10.2018 / 19:46 Hoy

La calle

Mi Revolución de los Claveles

Luis González de Alba

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En 1974 no me iba a perder la Revolución de los Claveles, en Portugal, y caí en Lisboa buscando un hotel barato. El dictador António de Oliveira Salazar había muerto en 1970 (acotación gramatical: el portugués no se complicó haciendo diptongos de algunas dobles vocales y otras no. Así es como Maria, por ser grave terminada en vocal, no lleva tilde: Ma-ri-a, y sí lo lleva Mário, considerada esdrújula. Lo mismo hicieron los catalanes); pero fue en 1974 cuando la pasé en la gloria que promete el Profeta, y sin dinamitarme en pedazos.

Guglié los datos y encontré una joya: el origen de los claveles en las armas. Murió Salazar, pero es falso que muerto el perro se acaba la rabia, como aquí pensó Fox al dar por muerto al PRI. La dictadura siguió, si bien con inconformidad en el lugar menos esperado, el ejército: debía pelear guerras en África para que Portugal conservara su imperio. Tarea inútil como habían probado los fracasos de Inglaterra y Francia. En la clandestinidad se formó un Movimento das Forças Armadas (en español nos libramos de esa ç muy pronto). Fue tomando fuerza en las guarniciones más importantes y acordaron dar el golpe de Estado el 25 de abril. Esa madrugada, una estación de radio, como señal para el alzamiento, puso al aire una canción prohibida por la dictadura.

Los rebeldes pidieron a la población no salir de sus hogares, pero al amanecer una multitud abrazaba soldados en las calles. ¿Y los claveles?

El alzamiento militar produjo la suspensión de un banquete programado para ese mediodía. Una mesera, Celeste Caeiro, salió del salón cargada de las flores que decoraban las mesas, claveles de la temporada. En la plaza del Rossio (Rocío), muchos tanques de guerra aguardaban órdenes desde la madrugada. Al pasar Celeste entre ellos, un soldado le pidió un cigarrillo desde lo alto de un tanque. Como Celeste no traía cigarrillos le ofreció un manojo de claveles. “El soldado lo puso en su cañón y sus compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles como símbolo de que no deseaban disparar sus armas”. Se extendió la acción: claveles en las armas y pasó a la historia: la Revolución de los Claveles. La verdad, lloré.

www.luisgonzalezdealba.com

@luisgonzlezdea

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