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Miércoles , 17.10.2018 / 20:12 Hoy

La calle

La muy mexicana venta de plazas

Luis González de Alba

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La venta de plazas no es exclusiva del SNTE y la CNTE: es un botín que reciben los sindicatos nacionales en pago por fidelidad al PRI. Así está bañado en oro el ahora senador Romero Deschamps; también los electricistas y todos los grandes sindicatos que fueron puntales del régimen corporativo y que Fox, primer presidente surgido de la oposición, no supo desarticular porque sólo sabía vender Coca-Cola.

El control de plazas nació digno, honrado, honesto: los primeros sindicalistas, en la Europa del siglo XIX, se toparon con el hecho de que, si declaraban una huelga por reducción de las horas de trabajo (digamos de 16 a sólo 12), los patrones se limitaban a contratar otros operarios entre la abundante fuerza de trabajo sin trabajo. El cine italiano de los años 50 a 70 nos dio bellísimas imágenes.

Los huelguistas comenzaron por defender su derecho a palos: evitaban por la fuerza el ingreso de esquiroles: hermanos de clase dispuestos a romper una huelga por hambre. Pronto fue una prestación estipulada en los contratos de trabajo: sólo el sindicato podía ofrecer las plazas vacantes.

Pero “en el arca abierta el justo peca” decían con razón las abuelas. Los líderes sindicales no tardaron en ver que podían cobrar tarifas acordes con el nivel del salario en la plaza solicitada. Y lo que fue un poderoso mecanismo contra la contratación de esquiroles derivó en poderoso mecanismo de enriquecimiento de los líderes que, ya para entonces, habían alcanzado otra prestación sindical: la profesionalización de la conducción sindical. Los líderes y sus adláteres dejaron de trabajar en la fábrica de telas, en la mina, en el petróleo porque “la patronal” firmaba que un número de trabajadores, determinado en cada revisión de contrato, tuvieran licencia sindical: salario pagado por la empresa para dedicarse nada más a tareas sindicales.

Desapareció el líder italiano, siempre guapo y mugroso, que encabeza la pelea contra los esquiroles o contra la policía y luego vuelve a mancharse las manos de tintes, de grasa, de aceite. Y tuvimos, ¡plop!, a los romerodeschamps perjumaos, maestros que nunca han dado clase y mineros que no han trabajado en un túnel de mina.

Medalla BELISARIO DOMÍNGUEZ 2016 para Gonzalo Rivas Cámara, que salvó cientos de vidas a costa de la suya: #BelisarioParaGonzaloRivas.

www.luisgonzalezdealba.com
@luisgonzlezdea

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