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Martes , 23.10.2018 / 09:37 Hoy

Panóptico

“Pandilleros: Mitos”

Luis García Abusaíd

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La crisis de inseguridad que azota a nuestra región ha obligado a los medios a exclamar: ¡Cuidado con los pandilleros, que son cada vez más violentos, están mejor armados y constituyen el futuro del crimen organizado!Sin un estudio integral que pruebe este dicho, nuestras instituciones policiales refuerzan este mito, para controlar o reprimir al pandillerismo, y profundizar la marginación de los jóvenes pobres del resto de la sociedad. Entre otros mitos están los siguientes: Mito 1: “Todos los pandilleros son los mismos”. En realidad existen variedades de “pandilleros” como colonias hay en la cuidad de Saltillo o Torreón. Estos se autodefinen de manera diferente dependiendo de su origen rural o urbano, clase social, tipo de ropa, corte de pelo, tatuajes, música que escuchan, códigos de saludos ó grafities que pintan. Lo importante de su asociación es la defensa de su autoexpresión cultural o identitaria como grupo diferente y único respecto a los demás.Su autodefinición escapa cualquier intento de definición por parte de los medios de comunicación ó aparatos legales y represivos del Estado. La definición o representación de bulto, “pandilleros”, no opera en la realidad única y diferente de cada grupo.Mito 2: “Todos los pandilleros son delincuentes”. No todo joven marginal pobre es pandillero. Como tampoco todo “pandillero” es delincuente y viceversa. La tendencia en la psique colectiva del saltillense o torreonense promedio es mezclar lo marginal pobre con lo joven y la acción delictiva o criminal.Para cuestionar tal lógica habría que hacer una cartografía estadística y cualitativa de la incidencia del crimen juvenil en Saltillo y Torreón que incluya colonias residenciales, de interés social y marginales. Mito 3: “Los pandilleros sólo se juntan para desarrollar actividades de tipo criminal”. Éste también posee una lógica falaz. Los jóvenes marginales se reúnen, al igual que cualquier adolescentepara platicar, dar la vuelta, ligar, pistear o bailar, sin pensar en cometer actos criminales.La única diferencia es la clase social a la que pertenecen que determina la calidad y estilo de ropa, lenguaje y espacios de reunión. Es urgente acabar con estos mitos mediante estudios interdisciplinarios que entiendan la realidad de los jóvenes pobres desde su punto de vista; para forjar políticas públicas adecuadas que permitan activar su integración plena a nuestra sociedad.Necesitamos información racional, alimentada de tolerancia y respeto a la diferencia, so pena de continuar construyendo una sociedad en la cual, unos jóvenes, la gran mayoría, sean percibidos como el “futuro del crimen organizado”; y los otros, los menos, como “el futuro de la sociedad”.


canekvin@prodigy.net.mx

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