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Sábado , 18.08.2018 / 02:40 Hoy

Panóptico

“¡Aguas con la Normalitis!”

Luis García Abusaíd

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Todos, en mayor o menor grado, somos víctimas de “la normalitis”, causada por el virus de la “indiferentiazuprema.” Éste infecta a las personas desde la infancia, aparece en la adolescencia, se torna grave durante la adultez y permanece hasta la muerte.

Ataca a cualquier persona sin importar su edad, género, escolaridad o clase social. Se transmite a través del ejemplo familiar. Influyen además, los medios de comunicación, la cultura popular y el consumo obsesivo.

El virus de la “indiferentiazuprema” nulifica la capacidad de asombro de los afectados; y los obliga a mirar la realidad social que les rodea como “normal” o “natural”.

Como si no hubiese responsabilidad humana é histórica en su construcción y transformación.Al exculpar al hombre de dicha responsabilidad surgen tres síntomas: La insensibilidad social, el marasmo fatalista y la parálisis moral. La insensibilidad social hace perder al infectado su capacidad para indignarse ante la pobreza, injusticia, corrupción é impunidad imperantes.

El se interroga y responde: “¿Cómo erradicar éstas miserias sociales que son parte del paisaje cotidiano desde que nacimos? Nadie puede hacer algo contra ellas.” Este síntoma le provoca cinismo, impotencia e irresponsabilidad social.El marasmo fatalista puebla estos sentimientos de desesperanza para justificarlos.

“Esa es responsabilidad de los políticos, pero todos son corruptos.” “Los pobres ya se acostumbraron a su pobreza”. “Los ricos deberían ayudar pero son unos desgraciados.” “¿Qué puedo hacer yo, simple ciudadano?” Este síntoma le genera aislamiento, indiferencia y egoísmo social.

La parálisis moral imposibilita al afectado para actuar de manera práctica y resolver las carencias sociales que le rodean.

Su molestia no pasa de la indignación moral no aterrizada en acciones concretas. De manera paradójica, dicha actitud le hace parte de esa “normalidad” que en ocasiones cuestiona; dejándolo al final, con rabia, temor y frustración.

La “normalitis” destruye sitios neurálgicos de la condición humana, al cercenar su capacidad ciudadana para pensar, actuar y transformar su entorno económico, político y cultural con un sentido de justicia que enfrente al capital corporativo y la política oficial.

¿Conoce usted, apreciado lector, a alguien que padezca de “normalitis”?



canekvin@prodigy.net.mx

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