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Martes , 25.09.2018 / 01:29 Hoy

Ciencia y política

Y siguen las denuncias

Luis Eugenio Todd

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“¿Y los resultados?”


Ahora, nuestro amigo Jorge Longoria, a quien siempre he respetado por sus conocimientos urbanísticos, está siendo incluido en la cadena de denuncias contra todo tipo de funcionario público anterior. En este caso se trata de 960 expedientes, que se dice corresponden a permisos irregulares para el uso de taxis y se involucra a un sinnúmero de personas, incluyendo a 3 exdirectores de la Agencia Estatal de Transporte. A todos ellos se les acusa y se les exhibe con antelación, dando lugar a la infame duda que genera el escándalo y que no tiene un regreso integral.

Me refiero a esta situación en particular, porque ya parece un acto cotidiano a nivel nacional y local, la de efectuar denuncias por irregularidades, desviaciones y ponerles adjetivos como peculado, soborno, extorsión, robo, daño patrimonial, etcétera, a personas que ejercieron una función pública anteriormente y que por supuesto se aprestan a defenderse, como ha estado sucediendo en los últimos casos en los que los abogados han hecho un jugoso negocio con el sistema jurídico tradicional mexicano de la Ley de Amparo.

Creo que la buena fe, que seguramente tiene Jorge y otros que han sido denunciados, debe ir acompañada de una profunda reflexión sobre la repercusión que las acusaciones tienen sobre las personas y también sobre la confianza de la sociedad, no solo en sus funcionarios sino en sus vecinos y en todos aquellos con los que tratan en los diferentes asuntos privados o públicos.

Se denuncian hechos, sin aclarar con precisión si representan irregularidades administrativas, que todo el mundo tiene o desviación de recursos de un capítulo a otro por necesidad o de acuerdo a ciertos procedimientos jurídicos “de letra chiquita”, confundiéndolos con otros en los que sí existe algún indicio de mala fe o de aprovechamiento ilegítimo de un determinado negocio. Esto ya alcanza también a los medios de comunicación, quienes en teoría deben ser la conciencia crítica de la comunidad y a los que también se les incluye en el mar nebuloso y sombrío de la duda.

Considero que el sistema anticorrupción debe funcionar con variantes, de acuerdo a las características culturales y a nuestra calidad administrativa, que no es de primer mundo, diferenciando lo que es una irregularidad de los actos en donde existe mala fe, y no seguir lanzando la espada del escándalo, pues como dice el Gran Libro:“¡Ay! de aquel que haga pecar a uno de estos inocentes que creen en mí, más le valiera atarse una piedra de molino al cuello y tirarse al mar”, pues la duda, duda deja y queda la mancha imborrable de la desconfianza en todo el régimen público nacional.

luisetodd@yahoo.com

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