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Viernes , 14.12.2018 / 09:23 Hoy

Ciencia y política

Racismo y guerras religiosas

Luis Eugenio Todd

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“Lo pronosticó Alvin Toffler hace muchos años.”


Conocí a Alvin Toffler gracias a que en mi época de rector vino a Monterrey invitado por unos empresarios, y mi esposa organizó una cena para convivir con él y lo entrevistó. En esa entrevista, el autor del Shock del Futuro pronosticó lo que está sucediendo en la actualidad en muchos países del orbe.

El racismo, el fascismo y el neonazismo surgieron en EU, cuna de la democracia moderna, y el mejor ejemplo de ello es lo ocurrido recientemente en Charlottesville, Virginia, donde murió una mujer en un mitin de blancos que querían señalar la supremacía del color de la piel, como en los tiempos del Ku Klux Klan.

Allí se mostró el lado duro de la violencia, la intolerancia, el racismo y la inmadurez del presidente, que no opinó en favor de los agredidos, señalando que ambos bandos eran culpables. Eso le costará mucha popularidad, porque la mayoría de los norteamericanos han aprendido que son un país de inmigrantes, que viven con diferentes etnias, religiones y colores de piel, lo que conduce a una visión compartida de sus valores.

Al mismo tiempo que esto acontece en los EU, han sucedido actos de terrorismo religioso en Barcelona, París, Niza, Londres y Alemania, lo que quiere decir que el mundo está invadido por la intolerancia, y entonces resurge el neonazismo, que practicó Hitler, triste personaje que nos llevó a una guerra mundial donde murieron más de 50 millones de personas.

Es momento entonces de meditar y de volver a encontrar los valores que preconiza la Carta de los Derechos Humanos de la ONU, basada en la declaración de la posrevolución francesa, porque aunque no lo queramos reconocer, en México y en otros países que tienen nuestras mismas raíces e identidad cultural y sufren marginación, falta de educación, desnutrición y pobreza, existe un grado de intolerancia y de exclusión para con los indígenas, y esto se ve también en algunos lugares de Nuevo León, donde la gente de ciertas características no tiene las mismas oportunidades de trabajo que aquellos que nacieron con piel blanca o belleza física exterior.

Lo que aquí describo es preocupante y debe hacernos meditar en nuestra obligación solidaria de integrar de nuevo en la educación, la enseñanza de los valores, los derechos humanos y los derechos ambientales, para no seguir el ejemplo de algunas naciones, aparentemente desarrolladas, que han perdido el espíritu de justicia social y de equidad que todos debemos respetar.

luisetodd@yahoo.com

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