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Ciencia y política

El espíritu de la justicia

Luis Eugenio Todd

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Hay que probar para documentar.

En nuestro país está sucediendo un fenómeno colectivo, pues se acusa a todo el mundo de delitos o acciones reprobables, pero en Nuevo León, con el fiscal Anticorrupción, se ha recrudecido y ahora todos somos culpables, aunque el fiscal también tenga cola que le pisen.

Desde los tiempos gloriosos de los griegos y los romanos, la justicia ha sido representada por una elegante dama, que poniendo de cada lado de la balanza las pruebas y argumentos presentados y conforme a un recto procedimiento jurídico previamente establecido, le da a cada uno lo que le corresponde.

Sin embargo, ahora resulta que todos son culpables y hasta el extesorero, Rodolfo Gómez, que todo mundo sabemos es un hombre honesto, está envuelto en un procedimiento penal, al igual que Eduardo Bailey y Pedro Morales Somohano, que a mí no me consta que hayan hecho alguna cosa inmoral; sí, tal vez cometieron irregularidades administrativas, pero no creo que se hayan llevado el dinero a su casa, y ahora están siendo lesionados en su imagen y en su familia.

El autor de todo este desastre es un abogado a quien yo admiraba mucho, porque trabajó para el proyecto de un buen proceso de justicia, pero ahora él también está acusado de haberle quitado dinero a una guapa mujer que fue esposa de Emilio Azcárraga, y no entiendo por qué no reflexiona sobre sus propios pecados y sigue insistiendo jurídicamente, sin resultados, en los pecados de otros.

Ojalá que mi buen amigo, compañero de la escuela, entienda que no es lo mismo acusar que comprobar y que la calumnia y la difamación son pecados mortales, según nos enseñaron en las escuelas que él y yo compartimos.

Total… puro ruido y nada de nueces. Que Dios lo perdone.

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