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Ciencia y política

B. Aguilar: un gran médico

Luis Eugenio Todd

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Pionero en la medicina científica.



Hace más de cincuenta años que vino Bonifacio Aguilar directamente de la Clínica Mayo a Monterrey y ahí inició lo que puede considerarse la medicina moderna, basada en evidencias, datos, exámenes y en un enfoque científico y no solamente clínico.

De esa época, la hojarasca que se lleva el viento se acaba de llevar a la inmortalidad a mi amigo Bonifacio, con quien, junto con otros, fundamos el Centro de Especialidades Médicas, que ahora cuenta con más de cien miembros.

Es muy difícil, en la encrucijada del encuentro de la vida con la realidad, no tener un dejo de emoción que salpique la belleza que significa la vida y su encuentro inmortal e indefinido con algo que va más allá, pero que siempre está cerca, como si fuera una corriente de aire que bruscamente va en un sentido y cambia a otro.

Bonifacio se acompañó de una gran dama, su esposa, que siempre lo admiró e impulsó. Además, él tenía una sonrisa afable y sabía hacer amigos en todas partes, con una fórmula que le permitió compartir su medicina con el deporte, en particular con los viejos Tigres de fútbol americano.

Se nos acaba de ir y esto me recuerda su reflexión sobre que la soberbia, la vanidad y la petulancia de la vida frívola nos hace perder lo importante. Para mí fue muy importante el doctor Aguilar, Boni, como le decíamos cuando llegó y como le seguimos diciendo hasta que se fue.

Aunque dicen que la muerte es una línea y que nunca más volveremos a ver al ser querido, la verdad es que tiene que haber un círculo divino y concéntrico que conserve la energía que nunca se pierde en el devenir, no solo de la física, sino de la vida.

Estamos tristes y vamos a extrañar esa afabilidad, profesionalismo y simpatía de quien fue, reitero, uno de los fundadores del concepto de que la medicina no es solo una visión morfológica del paciente, sino que es también un método científico para encontrar la realidad de un diagnóstico y proceder a consolar, aliviar o curar. Todo esto hacía muy bien Bonifacio Aguilar.


Descartes: Pienso, luego existo… En la inmortalidad está el oscuro misterio de la vida y en la nobleza de Bonifacio persistirá esa actitud. Donde quiera que él esté nos tendremos que encontrar muy pronto. Bonifacio: te vamos a extrañar.



luisetodd@yahoo.com

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