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Columna de Luis Ernesto Durán

La formación ética y el compromiso de las instituciones de educación superior

Luis Ernesto Durán

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México es percibido como el país con mayor corrupción entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Diversos estudios han intentado explicar las razones detrás del hecho de que nuestro país acapare los primeros lugares en todos los rankings sobre el tema. Una hipótesis planteada con frecuencia es que la corrupción es principalmente un problema de educación, por lo que los países con menor nivel educativo tenderán a presentar mayores niveles de corrupción, pero esto no puede probarse mediante una relación causal. Tampoco existe consenso sobre si tiene que ver con el nivel de desarrollo económico o con la calidad de las leyes de transparencia. La corrupción es un problema multifactorial y resulta sumamente complejo comprender sus causas y, por ende, encontrar soluciones efectivas para erradicarla.

Si bien no se puede apuntar a una sola causa y solución, es un hecho innegable que se trata de un fenómeno presente en la realidad cotidiana de todos los mexicanos, ya sea directamente o en sus efectos y, por tanto, atacarla exige acciones conjuntas de gobierno, sector privado, sociedad civil, academia y ciudadanía. La complejidad de este mal hace indispensable enfrentarlo desde diferentes aristas. Las instituciones de educación superior (IES) están llamadas, primero, a asumir que la problemática existe y a analizarla a profundidad. Por esta razón, la Universidad del Valle de México y el Aspen Institute México abren un espacio para la reflexión en este sentido el próximo 29 de agosto, con la realización en Ciudad de México del foro de Ética y Cultura Cívica, en el que diversos actores de la sociedad, encabezados por Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles, disertarán al respecto. Nuestra apuesta como IES es abordar el reto que tenemos todos los mexicanos de entender qué está pasando y de proponer soluciones viables; confiamos en que la disertación que surgirá en este foro será de gran valor para nuestra sociedad.

En cuanto a nuestra responsabilidad en el ámbito formativo, sabemos que se debe abordar la lucha contra la corrupción a través de la educación. En esto las instituciones de educación superior debemos jugar un rol crucial para formar ciudadanos comprometidos con su comunidad y con principios éticos que contribuyan a reconstruir el tejido social.

Las universidades tienen una misión educativa y otra formativa. La primera incluye enseñar a sus estudiantes a pensar críticamente, a analizar, a abrirse al conocimiento, a la cultura, a la innovación, a la ciencia y a la tecnología. La misión formativa busca preparar ciudadanos libres, responsables, adaptables, con valores éticos y cívicos.

La carrera profesional es la primera decisión que muchos jóvenes toman como adultos, y en la universidad comienzan a ejercer su mayoría de edad en la sociedad. En este contexto debemos proveer un contexto ético a estos futuros profesionistas que toman sus primeras decisiones fuera del entorno familiar. A la universidad ingresan personas de orígenes y circunstancias muy diversas que empiezan a experimentar con su libertad y a ser responsables de sus actos. En consecuencia, este espacio debe contribuir a fomentar una reflexión y un diálogo que les permita formar su visión de lo que es correcto e incorrecto.

Las IES son también autoridad y ejemplo, y tienen la obligación de actuar siempre en congruencia con los principios éticos y las leyes que enseñan en sus aulas. Ello incluye establecer un código de ética que defina claramente los lineamientos que rigen las acciones y conductas de la organización, de sus docentes, de sus empleados y de sus alumnos. La actualización de estos códigos en la vida universitaria debe ejemplificar en el pequeño ecosistema del campus universitario la responsabilidad de todas las autoridades a actuar conforme a la ley y así preparar a sus estudiantes para ser ciudadanos que cumplan con sus obligaciones y exijan derechos.

En suma, queda claro que uno de los mejores antídotos para la corrupción es formar individuos con una sólida conducta ética, pues de esta manera se evitarán las malas conductas en todos los ámbitos y sectores. Hoy, más que nunca, se necesitan profesionistas responsables y comprometidos con su comunidad, que posean no solo las competencias requeridas en sus respectivos campos profesionales, sino también valores éticos sólidos.

*Presidente y director general de Laureate México y de la Universidad del Valle de México

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