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Columna de Luis Durán

Expectativas para el nuevo gobierno

Luis Durán

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Con el inicio de una nueva administración, las expectativas que los ciudadanos tienen de su gobierno suelen ser altas, pues las campañas electorales se caracterizan por promesas y compromisos ambiciosos. El ganador obtiene un mandato para impulsar su agenda y sus votantes la convicción de que las cosas mejorarán.

Para el gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador, las expectativas de los ciudadanos serán uno de sus principales retos y el mandato que tiene es enorme dado el margen con el que ganó. Claramente su victoria es un grito de cambio en lo político, lo económico y lo social.

Este anhelo de cambio ha sido alimentado por la creciente desconfianza en el gobierno y en las instituciones públicas, el hartazgo por la violencia, la inseguridad, los escándalos de corrupción de políticos de todos los partidos, así como la desigualdad y la pobreza en el país.

El descontento generalizado de la población se traducirá ahora en la esperanza de que el nuevo gobierno cumplirá con sus expectativas de mayor bienestar.

Una encuesta que preguntó cómo se sienten los mexicanos respecto al futuro del país después del triunfo de López Obrador encontró que 65 por ciento se siente optimista y más de la mitad de los encuestados considera que en los próximos tres años del nuevo gobierno mejorará la economía, bajará la corrupción y disminuirá la inseguridad.

Con la contundente victoria, la mayoría en ambas cámaras, el triunfo en cinco de las nueve elecciones estatales y 18 de los 30 congresos locales, López Obrador cuenta con un capital político extraordinario. Ahí su gran oportunidad.

Si utiliza adecuadamente esta legitimidad puede llevar a cabo transformaciones profundas que México requiere para ser un país más próspero y justo.

En ese sentido, la autoridad moral y el liderazgo social de los que goza le permitirán implementar acciones o tomar decisiones de cambio que hasta ahora nadie ha querido o podido realizar por el alto costo político que implican.

En particular, dada su promesa fundamental de combatir la corrupción, tiene toda la fuerza para impulsar la legalidad y el estado de derecho, y terminar con los pactos de impunidad que han inhibido el desarrollo del país.

Por otra parte, es importante destacar también que el nuevo presidente encontrará diversos elementos favorables para el inicio de su gobierno. La positiva reacción de los mercados financieros, la apreciación del peso, la estabilidad macroeconómica y el aumento del precio del petróleo constituyen un cimiento sólido para iniciar con el pie derecho.

Los mensajes de reconciliación y unidad apuntan a una mayor cohesión entre distintos sectores que harán más fácil el consenso. El crecimiento económico, aunque moderado, representa de igual forma un buen punto de partida.

En pocas palabras, hay varios factores propicios para iniciar un nuevo capítulo de la historia de México con optimismo. En este contexto, López Obrador puede impulsar cambios en Pemex, que está en quiebra, y buscar asociaciones con el sector privado, sin que se le acuse de privatizar a la empresa del Estado.

Por paradójico que parezca, López Obrador puede implementar las reformas estructurales y cosechar los beneficios de una mayor inversión privada y competencia en sectores clave de nuestra economía.

De igual forma, propone modificar el artículo 3 de la Constitución para incluir la educación superior como un derecho de los mexicanos. Es una señal inequívoca de su compromiso con el desarrollo humano y el bienestar de los ciudadanos. Aquí el reto, no menor, serán el financiamiento y, sobre todo, garantizar el acceso a instituciones de verdadera calidad educativa.

Los cambios tomarán tiempo para rendir frutos, pero es importante que las primeras decisiones del próximo presidente sean responsables y alimenten la confianza que los ciudadanos le han conferido. El presupuesto público para 2019 será una de las primeras señales claras de sus prioridades.

En principio, se han comprometido con importantes recortes al presupuesto para mantener las finanzas públicas sanas, así como poner en marcha sus políticas sociales más importantes.

En definitiva, las expectativas para el nuevo gobierno son muy altas, pero el margen de maniobra y las posibilidades para impulsar una agenda de cambio también son elevadas. Si se aprovecha adecuadamente, es una oportunidad histórica para redefinir el rumbo de México.

*Presidente y director de Laureate México y de la Universidad del Valle de México.
Twitter: @LuisEDuran2

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