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Jueves , 16.08.2018 / 21:52 Hoy

Desde mi rincón

Todos necesitamos de ella

Luis Augusto Montfort García

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“Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión”, dice Mario Benedetti en su poema “Rostro de Vos”, significando ese sentimiento de soledad que de un modo u otro, todos experimentamos en algún momento de nuestro azaroso paso por este mundo.

¡La soledad es terrible!, solía decir un viejo amigo mío en son de broma al referirse a “Chole” su querida esposa, en esa actitud con la que los humanos tratamos de restarle importancia a lo que nos atemoriza, tal como la enfermedad, la soledad o la muerte, tres condiciones inevitables de nuestra naturaleza, que tal vez sean parte de una misma cosa, solo que en diferentes momentos del proceso de vivir.

Enfermar es de algún modo una forma atenuada de la experiencia de la muerte. Cuando enfermamos, la falla de nuestro organismo sea por infección o por deterioro natural, afecta nuestra capacidad de disfrutar con plenitud de lo que usualmente nos gusta y cuando la falla es extrema, inhibe nuestra sensación de placer y finalmente extingue el deseo de vivir.

Por otra parte, la soledad es una condición ineludible para el ser humano. Nacemos y morimos solos y la comprensión consciente o intuitiva de esa incómoda realidad, nos acompaña a lo largo de la vida, por lo que con frecuencia buscamos fórmulas para sentirnos acompañados o al menos “menos solos”. Reconocer la soledad nos despierta una conciencia de orfandad social que frustra nuestras necesidades de pertenencia y de identidad. La sensación de aislamiento y de “no ser parte de algo mayor”, en no pocas ocasiones deviene en pensamientos depresivos, que no son sino otra forma de morir gradualmente.

A pesar de este cuadro tan desalentador, hay en el comportamiento humano un rasgo qué, aunque no cura la enfermedad, ni modifica la soledad, ni evita la muerte, es como la luz de un faro que en medio de la penumbra, nos hace sentir que alguien nos toma en cuenta y nos aprecia: la caricia.

Sea física o verbal, la caricia es un bálsamo que alivia y aligera la carga de quien es acariciado. Todos necesitamos de ella y todos podemos darla. Hagámoslo y seguramente este mundo será un mejor lugar para vivir.


lamontfort@yahoo.com.mx

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