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Lunes , 24.09.2018 / 19:28 Hoy

Desde mi rincón

Para no escribir de fútbol

Luis Augusto Montfort García

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Para no escribir de fútbol, mejor hablemos de historia. Desde que se recuerde, el hombre ha practicado algún tipo de juego utilizando una pelota. El objetivo ha sido siempre el de hacerla penetrar en algo o al menos tocarlo con ella, utilizando para eso pies, manos u otras partes del cuerpo.Así, encontramos el “pok-ta-pok” maya de 500 a.C., el “cuju” chino de 250 a.C., el “kemari” japonés, el “episkyros” griego o el “harpastum” romano, practicados todos por personas sumamente distantes en época y lugar.Tal parece que los seres humanos de todos los tiempos y culturas, tenemos en común la necesidad de competir de una manera más o menos controlada, que no resulte tan dañina como la guerra, pero que nos permita liberar la parte salvaje que todavía permanece en nuestro arcaico cerebro límbico.En la Francia medieval, solía practicarse a través de los campos, bosques y villas, un juego de pelota llamado “soule”, en el que había que regresar un balón a su lugar de origen, que podía ser la chimenea o el fogón de alguna casa y en el que eran frecuentes los contactos violentos entre los “souleurs”.Entre los siglos XI y XVIII las islas británicas desarrollaron su propia versión del soule conocido con el término “fútbol de carnaval”, por formar parte de una celebración que coincidía con el carnaval cristiano. Usando un pesado y voluminoso balón, se anotaba golpeando una rueda de molino incrustada en un muro, las porterías correspondían a cada bando y distaban un kilómetro entre sí, participando un gran número de jugadores, incluso todos los habitantes de dos o más villas, pueblos o parroquias rivales. El juego era peligroso y violento, y al parecer alguna vez se jugo con la cabeza de un tirano danés que gobernaba tierras inglesas.Como puede comprenderse esta práctica se realizaba sin orden ni concierto, lo que llevó al Rey Eduardo II a prohibirlo en 1314 por la violencia y caos que generaba. A pesar de eso se siguió practicando hasta el siglo XX y puede considerarse como un antecedente del rugby, el americano, el australiano y el soccer moderno, ese del que hoy todos hablan y del que yo no quería escribir.

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